Este lunes 23 de marzo de 2026 se cumplen exactamente 32 años de uno de los eventos más traumáticos y determinantes en la historia contemporánea de México: el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta. Aquella tarde de 1994, en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana, Baja California, el entonces candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue alcanzado por dos disparos que no solo terminaron con su vida, sino que fracturaron el sistema político mexicano.
El mitin que terminó en tragedia
Luis Donaldo Colosio llegó a Lomas Taurinas como parte de una campaña que buscaba proyectar una imagen de cercanía con las clases populares. Tras pronunciar un discurso ante cientos de personas, el candidato bajó del templete para abrirse paso entre la multitud al ritmo de la canción “La Culebra”. Fue en ese momento, rodeado de gente y con una seguridad visiblemente rebasada, cuando una mano armada con un revólver Taurus calibre .38 se acercó a su cabeza.
El primer disparo impactó en el cráneo; el segundo, en el abdomen. Colosio fue trasladado de urgencia al Hospital General de Tijuana, donde tras varias horas de intentos médicos, se anunció oficialmente su fallecimiento a las 20:00 horas. La noticia paralizó al país y desató una crisis de gobernabilidad sin precedentes bajo el mandato de Carlos Salinas de Gortari.


¿Quién mató a Colosio?
En el lugar de los hechos fue detenido Mario Aburto Martínez, un joven obrero que fue señalado como el responsable material del crimen. Sin embargo, la investigación oficial, que pasó por manos de varios fiscales especiales, estuvo plagada de inconsistencias que alimentaron la desconfianza ciudadana.
Aunque la versión oficial concluyó que Aburto fue un “asesino solitario”, el imaginario colectivo y diversas investigaciones periodísticas han sostenido durante décadas la tesis de un complot político. Recientemente, el caso ha cobrado nueva relevancia debido a los intentos de la Fiscalía General de la República (FGR) por revivir la teoría de un segundo tirador, presuntamente vinculado al Cisen, y las constantes impugnaciones de Mario Aburto, quien busca recuperar su libertad alegando tortura y violaciones al debido proceso.

El legado de un México con “sed de justicia”
A 32 años de distancia, las palabras de Colosio pronunciadas el 6 de marzo de 1994 en el Monumento a la Revolución siguen vigentes: “Veo un México con hambre y con sed de justicia”. Ese discurso, interpretado por muchos como una ruptura con el salinismo, es visto hoy como el testamento político de un hombre que, según sus seguidores, buscaba democratizar al PRI y al país.

El magnicidio de Colosio fue el primero de una serie de crímenes políticos ese año (como el de José Francisco Ruiz Massieu), que marcaron el fin de una era y el inicio de una larga transición democrática. Hoy, la pregunta central sigue siendo la misma que hace tres décadas: ¿Quién ordenó matar a Colosio?
A 32 años de aquel trágico atardecer en Tijuana, la figura de Luis Donaldo Colosio permanece como un símbolo de la “esperanza truncada” y un recordatorio de las asignaturas pendientes que México tiene en materia de justicia y verdad histórica.
