Daniel estaba enfermo. La familia del jóven de 29 años y residente del Estado de México, como cualquier otra, tuvo que intervenir para ayudarlo. Fue internado, casi de emergencia, a inicios de 2026 en un lugar “diferente” y contra su voluntad.
Apenas había camas, no había doctores y quienes lo cuidaban lo amenazaron con golpearlo si no se comportaba. Fue vigilado durante meses, viendo cómo los otros 37 enfermos en su misma habitación realizaban trabajos forzados aún en su condición.
A todos se les obligó a curarse si no querían sufrir las consecuencias, como si fuera su culpa o su decisión. La enfermedad de Daniel fue la drogadicción y estaba recluido en un anexo.
¿Qué son los anexos?
En México, el término anexo se utiliza popularmente para referirse a establecimientos residenciales que intervienen a personas con problemas de consumo de alcohol, drogas y sustancias psicoactivas en general.
Estos lugares no están reconocidos, en su mayoría, por las autoridades de la Secretaría de Salud ni la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), y generalmente funcionan como albergues localizados en diferentes comunidades del país.
No todos tienen la misma estructura, métodos de atención ni condiciones de operación. Mientras que algunos intentan emular grupos de ayuda Doble A, mediante modelos de ayuda mutua con la participación de personas que han atravesado procesos de recuperación anteriormente; otros cuentan con un esquema de métodos punitivos, internamientos forzosos y aislamiento severo.
Uno de los problemas en estos y otros centros de rehabilitación es que no ven a la drogadicción o el alcoholismo como una enfermedad, sino como una decisión. Precisamente, es el enfoque de los anexos lo que los hace tan diferentes y riesgosos para la salud de las personas internadas y todo parte desde cómo se conceptualizan.
Históricamente, ¿de dónde salieron los anexos?
La idea de corregir una conducta mediante el aislamiento, la disciplina y el sometimiento a determinadas reglas tiene antecedentes mucho más antiguos del boom de las adicciones. Durante los siglos XVIII y XIX, las transformaciones de los sistemas penitenciarios comenzaron a incorporar modelos que buscaban modificar el comportamiento de las personas privadas de la libertad mediante regímenes disciplinarios.
El historiador Michele Pifferi, en su investigación The Historical Origins and Evolution of Rehabilitative Punishment, publicada en la revista académica Crime and Justice en 2024, explica que la “rehabilitación” como justificación del “castigo” evolucionó a través de distintos contextos políticos.
Entre 1870 y 1920, una corriente llamada “reformismo criminológico” consolidó la rehabilitación como uno de los argumentos centrales para replantear el propósito de las penas. Sin embargo, esta transformación estuvo acompañada de una contradicción: las medidas que prometían reformar a las personas también podían recurrir a mecanismos de control sobre ellas.
En México, ya encaminado a la conformación de los anexos, sus antecedentes se remontan a la década de 1970, cuando comenzaron a proliferar grupos de ayuda mutua entre sectores en las periferias de la ciudad.
El modelo estuvo vinculado con el movimiento de Alcohólicos Anónimos de 24 Horas, una adaptación de los programas tradicionales de doce pasos que ofrecía reuniones permanentes para personas con problemas de consumo, aunque un anexo y un doble A no son iguales.
El grupo Condesa, fundado en el entonces Distrito Federal en 1975, fue uno de los primeros en establecer espacios residenciales conocidos como anexos. Estos lugares recibían a personas que necesitaban un sitio donde permanecer durante su recuperación, especialmente aquellas que no tenían recursos para acceder a servicios especializados.
Con el tiempo, se empezarían a incorporar prácticas de internamiento coercitivo, alejándose de los principios de acompañamiento y ayuda mutua que caracterizan sus orígenes.
La relación entre la falta de recursos económicos y los anexos es muy importante de considerar, porque más adelante será una de muchas causales para la proliferación de los mismos, especialmente, frente a lo costoso que puede ser un tratamiento profesional.
¿Cómo funcionan los anexos?
El doctor Set Salazar, psicólogo psicoanalista y especialista en trastornos por consumo de sustancias explica cómo funcionan los anexos:
No tienen un fundamento psicólogo, en cambio siguen fundamentos morales, es decir, sobre los juicios de lo “bueno y lo malo”. No dan un protocolo para la recuperación por el consumo de sustancias, porque no ven a las adicciones como una enfermedad.
La adicción no se cura, es tratable, así como una enfermedad crónica, con el tratamiento adecuado, puede llegarse a conseguir una buena calidad de vida.
Los anexos comunes, no cuentan con personal especializado en el tratamiento del trastorno, lo que hacen es meterlos en un “rancho o granja” donde se les castiga bajo un juicio moral, donde todo lo manejan a través de la culpa, además de los maltratos físicos y psicológicos.
En algunos se llegan a tener, si bien les va, la palabra de Dios como eje. Sustituyen la adicción por la palabra, para algunos resulta muy bueno, hay quienes sí se recuperan; pero no hay una atención integral sobre el trastorno.
Por eso la gente recae, porque no es una manera fehaciente para tratar la adicción, como sí sucede con las clínicas, donde se trata como enfermedad y se les ayuda a tratar ese sentimiento de necesidad de consumo de sustancias.
El sentimiento de culpa severa en los anexos lleva a las personas al límite, que incluso puede llegar al suicidio. El aislamiento sin supervisión profesional aleja de la familia, de los amigos, por lo que hay muchos riesgos cuando no hay un cuidado adecuado.
En un centro de rehabilitación se busca el sentimiento de paz, a la vez que se trata la abstinencia de manera transversal. Las diferencias son abismales, pues el anexo busca castigar, en vez de rehabilitar.
Dios y las adicciones desde el psicoanálisis
Salazar explica que Doble A, por ejemplo, ha resultado bueno para las personas con trastorno por abuso de sustancias debido al podio donde la gente se para a hablar. “Se sustituye el consumo de alcohol, que es una fijación oral por la palabra de Dios”.
Se sustituye la estimulación erótica de consumir por hablar, para bajar la ansiedad del consumo de la sustancia. Alcohólicos Anónimos no es un anexo, es un grupo en el que otras personas se reúnen para hablar para calmar la ansiedad.
¿Qué dice la legislación?
Pese a que en México los anexos no están prohibidos, sí están sujetos a disposiciones sanitarias y de derechos humanos que, en teoría, regulan su funcionamiento, las condiciones de atención y los procedimientos de internamiento, aunque esto no siempre sucede así y muchos de ellos viven en la clandestinidad.
El marco jurídico está integrado principalmente por la Ley General de Salud (LGS), la Norma Oficial Mexicana NOM-028-SSA2-2009, para la prevención, tratamiento y control de las adicciones, y el Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Prestación de Servicios de Atención Médica.
Estas disposiciones establecen obligaciones para los establecimientos públicos, privados y sociales que ofrecen servicios de atención y rehabilitación de adicciones y uno de los principales aspectos que contempla la legislación es que el internamiento debe realizarse con el consentimiento informado de la persona.
El artículo 75 Bis de la Ley General de Salud establece que los tratamientos e internamientos relacionados con problemas de salud mental y consumo de sustancias deben contar con el consentimiento de quien los recibe, después de haber sido informado sobre los objetivos, beneficios, riesgos y alternativas de la atención.
La disposición también reconoce el derecho de las personas a aceptar o rechazar el tratamiento y establece que debe presumirse su capacidad para tomar decisiones. Por ello, el hecho de que familiares o terceros soliciten y paguen el ingreso a un centro no significa que puedan disponer por sí mismos del internamiento de una persona contra su voluntad, aunque esto no siempre se respeta, como es el caso de Daniel, en el que su familia pagó por internarlo sin su consentimiento.
El artículo 74 Ter de la misma legislación reconoce los derechos de quienes reciben servicios de salud mental, entre ellos el respeto a su dignidad, autonomía e integridad, así como la protección frente a prácticas que constituyan tratos crueles, inhumanos o degradantes.
En cuanto a su funcionamiento, la NOM-028-SSA2-2009 contempla tres modelos de atención residencial: ayuda mutua, profesional y mixto. El primero se basa en la experiencia compartida y el apoyo entre personas en recuperación; el segundo contempla la intervención de profesionales de la salud, mientras que el tercero combina ambos esquemas. ¡Ojo! Esto es muy importante porque en ninguno se justifica la reclusión y el maltrato.
No todos los establecimientos están “obligados” a contar con la misma estructura de personal. Por ejemplo, un centro de ayuda mutua no necesariamente requiere tener un psicólogo de planta; sin embargo, debe cumplir con las disposiciones sanitarias correspondientes.
Lo anterior puede ser riesgoso para la persona con adicciones. Ya sea en Doble A o internado en un anexo, si no se lleva un tratamiento psicológico y médico, las consecuencias mínimas podrían ser la recaída.
El papel del Estado
La supervisión sanitaria de los establecimientos de rehabilitación, incluidos los anexos, corresponde a las autoridades de salud, entre ellas la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) y las autoridades sanitarias estatales. Por su parte, la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA) participa en la coordinación, seguimiento y evaluación de los centros residenciales.
La dependencia también cuenta con un Directorio Nacional de Establecimientos Residenciales Reconocidos, en donde se puede buscar información para una posible intervención. Acudir aquí te asegura, al menos, una garantía de que el Estado ya presentó un criterio de evolución para permitir estos centros, así como un respaldo en dado caso de que algo malo suceda dentro de sus instalaciones.
El problema radica en que el gobierno no da abasto para la cifra de personas que sufren adicciones en el país:
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, en México alrededor de 1.6 millones de personas de entre 12 y 65 años son dependientes al alcohol, mientras que otras 566 mil presentan dependencia a otras drogas.
El estudio, elaborado por la Secretaría de Salud, la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA), el Instituto Nacional de Psiquiatría y el Instituto Nacional de Salud Pública, también documentó la importancia de los centros de rehabilitación coordinados por exusuarios o padrinos en la atención de las adicciones.
Entre las personas con dependencia al alcohol que acudieron a tratamiento durante el último año, 94.1% reportó haber asistido a uno de estos establecimientos. En el caso de quienes presentan dependencia a otras drogas, la proporción fue de 71.9%.
La población que necesita tratamiento es mayúscula
El doctor Salazar explica que en el IMSS O ISSSTE no hay como tal un programa para atender las adicciones en adultos, se enfocan más en jóvenes con los centros de integración. Al haber tanta demanda, no se pueden cubrir el tamaño de población que puede ingresar.
Como sucede con cualquier enfermedad, el tratamiento es caro, como si fuera cáncer. El gobierno puede ayudar pero no alcanza a cubrir la demanda: hay que checar medicamentos, hay que dar retención, atención psicológica, servicios tanatológicos, de grupos, etc.
El gobierno no tiene la capacidad para darle la atención integral a una persona con trastorno por abuso de sustancias. No es que todo lo haga mal, pero con recortes presupuestales para personas que se dedican al tratamiento de la salud mental, pues no se sostiene el tratamiento por largo tiempo.
Por eso los Doble A ayudan mucho, porque al menos hay esa contención por parte de los padrinos y el habla en grupo y un círculo de confianza sin gastar demasiado. El tratamiento en particular te sale entre 40 a 80 mil pesos al mes. El común de la gente no puede costearlo, por eso busca otros recursos como los anexos.
¿Qué se necesita como profesional para tratar una adicción?
- Tener formación como psicólogo
- Tener especialidad, maestría en consejería o técnica en adicciones
- Formación tanatológica (por el duelo silente de perder la sustancia)
- Especialidad en manejo de grupos
- Especialidad en psiquiatría y farmacología (para efectos secundarios de los medicamentos del psiquiatra)
La adicción es un duelo silente no reconocido que pasa la persona al perder la sustancia, es como cuando sufres un aborto o te despdien de un trabajo.
Una persona que sufre de trastorno por abuso de sustancias necesita de un equipo integral disciplinario para salir adelante: psiquiatra, psicólogo, tanatólogo, nutriólogo… es una serie de disciplinas que tienen que tratar la adicción, explica el doctor Salazar.
El síndrome de abstinencia también afecta en la manera de cómo se alimentan. El nutriólogo designa cierta dieta para hacer la sustitución de los elementos que van haciendo falta, porque en ese estado de trastorno se deja de comer bien. De lo contrario, el cuerpo se puede descompensar, y con el alcoholismo pueden venir diabetes, cardiopatías o fallas renales.
El papel de la familia
El abuso de sustancias es una cuestión familiar. En todos los casos, la familia puede ayudar o empeorar la situación; puede ser un círculo de confianza y apoyo para el enfermo, o bien, un foco de culpa y un síntoma de la propia adicción por la fractura del sistema familiar.
Incluso ya en los anexos, la familia juega un papel en ausencia. En muchos casos, son familiares y amigos quienes mandan comida a las personas anexadas, las cuales no la reciben, no obtienen esta muestra de amor porque en los anexos se les impide.
Antes de anexar a una persona hay que revisar:
- ¿Hay psicólogos, psiquiatras, nutriólogos y enfermeros?
- Pedir cédulas profesionales en salud mental
- Buscar en internet y redes sociales el lugar y los comentarios, ver si está registrado y qué dicen sobre él.
¿Cómo es vivir en un anexo?
A Daniel lo anexaron en un lugar en Chimalhuacan, por la comunidad de La Loba, en el Estado de México. El lugar lo operaban personas que ya han estado anexadas, que salen y siguen el proceso de recuperación.
“El lugar era feo, mi habitación donde cabíamos 37 personas medía 5×5 metros. Al principio dormíamos en el piso y estábamos encerrados todos, había literas como de fierro con tablitas para dos personas, donde apenas se podía dormir. Nos castigaban si dormíamos en el piso”.
Daniel cuenta que los castigos eran lo común, te golpeaban por cualquier cosa. De acuerdo con su declaración, comía 3 veces al día, pan duro para el desayuno, “hasta con hormigas”. El anexo donde fue internado había alrededor de 70 personas divididas en dos habitaciones y un costal de pan para alimentarnos a todos costaba 37 pesos.
La comida era casera, el lugar pedía donaciones a mercados de verdura que ya iban a tirar, a veces echada a perder o podrida. “No comíamos carne ni pollo y solo nos dan unos minutos para comer y luego te lo quitan”.
Los trabajos forzados eran la única manera de salir de tu habitación: “uno estaba encerrado en esos cuartos todo el día, los que ya llenaba más tiempo los ‘bajaban’, que era hacer trabajos domésticos desde lavar, limpiar y hasta cocinar para todos”.
La violencia, el pan de cada día
“Todos los días te decían que eras una mierda, una basura y que si estabas ahí era porque eras lo peor de lo peor. Nos trataban a todos por igual, no importando que hubieras hecho. En ese anexo no solo van adictos, sino que hay personas que han acuchillado a otras, que han matado o violado a otras. Personas que han estado en la cárcel; van y los encierran ahí”, explicó Daniel. “Yo escuché historias de que algunos se han anexados solitos porque los están buscando afuera para matarlos; otros no solamente consumían, también traficaban”.
A él lo internaron alrededor de tres meses, con dos mudas de ropa por mes, la cual, no se podía lavar más de una vez a la semana. Daniel dice que los robos de shampoo y objetos de aseo personal era usual, hasta que la familia te volvía a traer.
“El lugar se paga, estuve casi tres meses y mi familia firmó un tiempo determinado. Son $500.00 pesos por semana, para gastos, despensa y todo eso, pero nunca recibimos nada de ese dinero de regreso”, aseguró.
“El amigo de un tío les recomendó el lugar, se quedó cuatro días. Supongo que no se dió cuenta todo lo que pasaba ahí. Encuentran la manera de pegarte sin dejar tantas marcas”.
La recaída es lo común
“Yo era adicto al cristal, fue lo que más me provocó adicción. Mi mamá me visitó de sorpresa, se dio cuenta y me anexó contra mi voluntad”, compartió Daniel, quien aseguró que el ser anexado, le ayudó aunque no cree que sea bueno estar en ninguno de esos lugares.
“Hay personas que ya han sido anexadas cuatro hasta cinco veces, y otras que llevan años. Te pone muy mal estar ahí dentro. Es una situación muy gacha, no se la deseo a nadie. Muchas de ellas entran, salen limpios unas semanas y regresan; algunas con más problemas, hasta delitos, entran más a fondo”, dijo.
Explicó que el principal problema es que las personas se acostumbran a ser alimentados y tener un lugar, a la violencia del anexo. “sales a la calle, te das en tu madre otra vez y se vuelve un ciclo. Le pierden el miedo al infierno”.
Aseguró que no he visto una persona curada porque las adicciones no se curan, se tratan. “Esto es para siempre. Es una pelea que tienes que tener contra ti mismo. La vida ya es difícil, intentar cumplir las expectativas de tener un trabajo, ser feliz, encontrar el amor, cuidar la amistad; si ya es complicado ahora también tienes que luchar contra tu cuerpo que te exige algo”.
Violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos
El doctor Salazar explica que hay abusos físicos, psicológicos y verbales en los anexos. Hay relaciones de poder, les dicen cosas muy duras, les meten ideas externas para hacerlos sentir culpables por estar enfermos, lo que produce muchas violaciones a los derechos humanos.
En una adicción hay factores más allá del simple hecho de consumir, hay factores contextuales, genéticos, del entorno, violencia desde niños, con la familia. Las personas no tienen el control sobre esto y no saben por qué se sienten tan mal. El alcoholismo puede producirse por muchas razones. Llenar el cuerpo con alcohol u otra sustancia es una manera de llenar un vacío.
Los anexos refuerzan los síntomas del alcoholismo, no los cura. Aquí se rompen muchos derechos humanos porque no se trata al doliente como un humano, sino como un objeto; como si fuera su culpa ser adicto.
Adicción viene del “sin decir”, el dolor que los lleva a enfermar. Un centro de rehabilitación es darle voz a los dolores del alma y de la mente de estas personas.
La deshumanización: cuando un anexo se convierte en un centro de trata
En los últimos años, el foco en los anexos por las autoridades ha ido en aumento. En enero de 2025, se contabilizaron al menos 94 personas fallecidas dentro de “centros residenciales para el tratamiento de adicciones”, como los tipifica el INEGI, durante 2024, un promedio de aproximadamente dos muertes por semana en todo el país, de acuerdo con una investigación periodística.
Se señaló que la mayoría de esos fallecimientos se registró en establecimientos que no aparecían en el directorio de centros reconocidos por CONASAMA.
Para inicios de 2026, Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) abrió 150 carpetas de investigación contra presuntos anexos, en un operativo en el que cerró 53 inmuebles asegurados de 94 cateos, donde se detectaron casos de privación ilegal de la libertad, incluyendo menores de edad.
Como parte de la Estrategia Integral para la Prevención y el Adecuado Tratamiento de las Adicciones, impulsada desde la Mesa de Paz, inició 1 de julio de 2025 al 22 de marzo de 2026, iniciaron 152 expedientes de investigación por homicidio, extorsión, privación de la libertad, desaparición, trata de personas, abuso sexual y lesiones.
Las investigaciones aseguraron que en algunos de estos lugares se desarrollan actividades ilícitas donde los internos fueron reclutados forzosamente para la comisión de delitos o la venta de estupefacientes.
Además, en ese mismo operativo, mil 518 fueron reintegradas a sus redes familiares y 80 canalizadas a centros de rehabilitación. En total, mil 599 personas se encontraban albergadas.
Estas cifras representan sólo un municipio en el Estado de México, los anexos tienen presencia en todo el país. A nivel nacional, se estima que existen alrededor de 3 mil anexos, pero las cifras de la CONASAMA regulan menos de 400 en todo el territorio.