Las protestas contra el gobierno de Irán reaparecieron durante la noche en distintas ciudades, a pesar del apagón de internet impuesto por las autoridades.
Grupos de derechos humanos denunciaron que las fuerzas de seguridad recurrieron a un uso letal de la fuerza para contener las movilizaciones, al grado de calificar la respuesta oficial como una “masacre”, dejando al menos 648 personas.

De acuerdo con estos organismos, las manifestaciones continuaron aun con las restricciones a las comunicaciones, una medida aplicada para limitar la coordinación entre los inconformes y la difusión de información sobre los hechos en el país.

De reclamos económicos a cuestionamientos al sistema político
Las movilizaciones comenzaron hace dos semanas como una reacción al incremento del costo de vida en Irán, en un contexto de presión económica persistente. Con el paso de los días, las consignas se ampliaron y el descontento derivó en críticas directas al régimen teocrático instaurado tras la revolución de 1979.
Observadores locales señalaron que el movimiento dejó de centrarse en demandas puntuales y pasó a cuestionar de manera abierta a las autoridades religiosas y políticas, lo que elevó la tensión entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
Un desafío al liderazgo tras el conflicto regional
Las protestas representan uno de los retos más significativos para el gobierno del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años, en un escenario marcado por la reciente guerra de 12 días entre Israel y la república islámica en junio, con respaldo de Estados Unidos a la ofensiva israelí.

En ese contexto, las autoridades iraníes han reforzado los controles internos, mientras organizaciones internacionales siguen de cerca la evolución de las manifestaciones y el impacto de la respuesta oficial sobre la población civil.
