Ante la convulsión y los tiempos dominados por filtros, selfies y redes sociales que marcan “los estándares de belleza“, hay que hacer frente con investigaciones que revelen desde uno de sus orígenes “los riesgos, los engaños y las consecuencias reales” de la llamada “perfección física”, tal como hace Ana Lilia Pérez (Ciudad de México, 1976) en su más reciente libro El cuerpo perfecto (Grijalbo), un documento que consigue lo que advierte en su subtítulo: apelar a un tema de salud pública en tiempos de redes sociales.
En entrevista con Cacho Periodista, la periodista mexicana contó que intentó “buscar el fondo de todo esto que observamos socialmente, y en ese fondo me encontré también situaciones que vinculan al crimen organizado”.
“Para mí creo que es de los aportes también que se hacen en este libro, el cómo el negocio en esos términos de lo estético así planteado genéricamente también del interés de crimen organizado“, abundó.
Procedimientos estéticos
Retomando el caso reciente de la joven duranguense Paloma Nicole, de 14 años, quien falleció tras ser sometida a un procedimiento estético en una clínica privada en Durango realizado por Víctor Manuel Rosales, su padrastro, autorizado únicamente por Paloma Escobedo, madre de la adolescente, Ana Lilia comentó que “los procedimientos quirúrgicos de índole estética en poblaciones cada vez más jóvenes se ha normalizado”.
“Se están normalizando socialmente y el normalizado… yo lo voy a poner entre comillas porque es algo que está preocupando (…), el libro estaba ya en etapa de imprenta cuando ocurre el caso del fallecimiento de la adolescente Nicole en Durango, y en el libro, precisamente, los expertos estaban advirtiendo que uno de los focos rojos que se tenía en el sector es cómo se estaba volviendo una práctica el ofrecer, el regalar paquetes de cirugía para quinceañeras, y cómo se estaba volviendo también una práctica cultural muy riesgosa. Y pasa en nuestro país y pasa en otros países, también, y cómo a edades cada vez más tempranas se está inculcando, se está planteando esta idea, esta necesidad falsa de modificarse corporalmente a edades cada vez más tempranas”.
Considera que el caso de Paloma Nicole sintetizaría “mucha de la problemática que se va detallando en este libro”:
“Primero una adolescente que envías de cumplir sus 15 años, la madre y la pareja de ella, que era un cirujano, pero un cirujano que la somete a procedimientos múltiples. Le llaman así: triple cirugía estética, y la promueven a esos procedimientos sumamente invasivos y, bueno, hasta en este caso era la edad de la chica, pero era también la condición de la chica, que no podría haber sido sometida de ninguna manera”.
De acuerdo con su investigación acerca de este tipo de procedimientos, que considera que “son los que están cobrando vidas, no solo por el nivel de riesgo que implican, sino porque se están promoviendo como si fuese algo, digamos, sencillo”, es debido a que son difundidos con “una falsa idea de cirugía a bajo costo, que es como se está popularizando y que se han convertido en una beta de negocio para intrusistas, para personas ajenas al sector clínico pero que están viendo una beta de negocio por ahí”.

Fracturas sociales y legislativas
La también autora de El cártel negro y Mares de cocaína reflexiona, alrededor del caso de Paloma Nicole, que, en general, “refleja mucho de la problemática que estamos enfrentando como sociedad y a la cual las autoridades debían poner atención, porque, en este caso, quedó en evidencia que las leyes que tenemos en la materia, no había una prohibición para que menores fuesen intervenidas con este tipo de cirugías”.
Por lo anterior, además de aseverar que la Ley Nicole debería aprobarse en todo el país, considera que la supervisión es algo imprescindible. “(Deben hacerlo) las autoridades mucho más a fondo de los procedimientos legales que se ofrecen en el mercado, sobre todo en redes sociales, que es donde más se está promoviendo este tipo de prácticas, el papel de los influencers que están motivando este tipo de procedimientos”.
“El libro explica condiciones que se han encontrado en clínicas, en establecimientos que pueden ser en zonas de alta plusvalía o en zonas de menor extracto económico (…), va aportando cómo es una tarea pendiente en muchos sentidos (…) de reflexión permanente y de plantear los riesgos que puede conllevar el que, a veces, hasta dentro del seno familiar se motive a este tipo de intervenciones sin que se revise el riesgo que ello puede”.

Salud pública
Falta un largo trecho para mirar esto como un tema de salud pública que atañe a todas y todos. Junto a esta problemática que apenas empieza a verse o debatirse, la periodista piensa que hay que “discutir estos temas” y “hablar de los riesgos que pueden ocurrir”. Al respecto, elucubró:
“Me planteaban, por ejemplo, cómo se están popularizando las fiestas en adolescentes para inyectarse sustancias. Esa es una práctica de muy alto riesgo. Pero, se tiene que discutir públicamente. Se tendría que discutir pues el nivel de responsabilidad que tienen los influencers. Son tópicos de muy distintos ámbitos que se tendrían que atender públicamente. Y de esos temas, pienso que el de la salud mental también es un tema muy relevante, (…) está muy vinculado también a el buscar realizarse procedimientos porque no hay una atención puntual a este tema“.
Tecnología, desde dos frentes
Aunque consideró que “la tecnología es un gran aliado para mucha cuestiones“, puntualizó que “hay un antes y un después con el desarrollo tecnológico y es maravilloso el poder tener hoy alternativas para combinar las actividades mediante uso de tecnología o la accesibilidad a las redes sociales”.
Siendo así, dijo: “hay una parte negativa y dentro de la parte negativa es todo aquello que se promueve como lo que no es“, es decir:
“Hay mucha información falsa que circula en las redes sociales, que no hay un filtro, digamos, para que las personas sepan que esto que me están ofreciendo es falso, o que en este sector aplicado, este sector en específico en redes sociales, proliferan muchísimo esas fotografías del antes y después que son falsas, pero que incentivan en la gente esa idea de buscar a quien está ofreciendo esto en redes y que hasta pone sus promociones de fin de semana, o que hasta hace sus tiktoks donde está mostrando a la influencer que se sometió a esos procedimientos y que utilizan este sistema de mercadeo”.
Es, espetó, una tarea de todos. De las familias (“que sepan que puede haber consecuencias”), la educación, el uso de las dispositivos o dependencia de estos; y “lo mismo pasa con los temas de salud (…) en épocas recientes se ha popularizado el pincharse para adelgazar mediante fármacos (…) pero es un riesgo“.
Pese a todo, reflexionó finalmente:
“La última decisión está en la persona de recurrir a tal o cual procedimiento, pero que, si decide hacerlo, lo haga de manera informada. Se tienen que discutir estos temas en las aulas, se tiene que hablar de estos trastornos que están tan presentes en nuestra sociedad y que a veces no se diagnostican a tiempo (…), [hay que] dejar que el tema de salud mental deje de ser un tabú, como aún continua en muchos sectores”.
