Las autoridades iraníes detuvieron de manera violenta a la activista Narges Mohammadi, galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2023, durante una ceremonia en Mashhad en memoria del abogado Khosrow Alikordi, hallado muerto en circunstancias sospechosas la semana pasada. La captura, confirmada por su fundación en París y su esposo exiliado Taghi Rahmani, constituye otro capítulo de represión contra una de las voces más firmes frente al régimen teocrático.
Mohammadi, de 53 años, asistía al acto junto a otros activistas como la influencer Sepideh Gholian cuando fuerzas de seguridad irrumpieron con violencia, según videos y testimonios difundidos en redes sociales.
La Nobel estaba bajo libertad condicional desde diciembre de 2024 por motivos médicos, tras cumplir tres años de una condena acumulada de casi 11 por supuestos “delitos contra la seguridad nacional”, vinculados a protestas y boicots electorales. Su equipo había advertido públicamente de un riesgo inminente de reclusión, que finalmente sucedió este viernes.
Trayectoria, repleta de persecución
La lucha de Mohammadi contra el régimen comenzó a finales de los 90, cuando en 1999 recibió su primera condena por participar en protestas estudiantiles contra el cierre de periódicos reformistas. Vicepresidenta del Defensor de los Derechos Humanos en Irán (HRANA), ha sido arrestada al menos 13 veces y juzgada en nueve procesos, acumulando sentencias por cargos como “propaganda contra el Estado” y “asociación con enemigos”. En 2010, sufrió un ataque con ácido por su activismo contra la lapidación.
Entre 2015 y 2021 estuvo encarcelada en Evin, donde inició huelgas de hambre por negársele atención médica para una lesión en la pierna que la dejó parcialmente discapacitada. Liberada brevemente en 2020 por la pandemia de Covid-19, regresó a prisión en 2021 tras denunciar torturas y violencia contra mujeres por el uso obligatorio del hijab.
Su Nobel, otorgado en octubre de 2023 mientras estaba encarcelada, reconoció su defensa incansable de los derechos humanos, oposición a la pena de muerte y apoyo a las protestas “Mujer, Vida, Libertad” tras la muerte de Mahsa Amini en 2022. Trasladada a arresto domiciliario en 2024 por salud, continuó activa pese a prohibiciones de viajar o ver a sus hijos exiliados en Francia.

Condenas y silencio
El Comité del Nobel de la Paz condenó la “brutal detención” y exigió su liberación inmediata, calificándola como “ataque a los derechos humanos universales”. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron el arresto como represalia por su rol en las protestas posteriores a la muerte de Amini y el homenaje a Alikordi, posiblemente asesinado por su defensa de presos políticos.

Irán no ha emitido respuesta oficial, pero el régimen insiste en que Mohammadi es una “agitadora”. El incidente ocurre en un contexto de escalada represiva, con ejecuciones masivas de disidentes y restricciones a internet.
La comunidad internacional urge a la ONU intervenir, mientras familiares temen por su salud frágil. Mohammadi, símbolo global de resistencia, continúa desafiando al régimen desde, nuevamente desde sus celdas.
DG

