Con apagones más largos, colas más extensas en las estaciones de servicio y una economía cada vez más frenada, Cuba se enfrenta a un escenario que su propio presidente calificó como “muy difícil”. En una aparición inusual en medios estatales, Miguel Díaz-Canel anunció que el Gobierno trabaja en un plan ante un posible desabastecimiento severo de combustible, en medio de crecientes presiones de Estados Unidos para bloquear suministros energéticos a la isla.
“Tiempos difíciles”: el mensaje de Díaz Canel
Díaz-Canel describió la situación como una etapa compleja para el país y reconoció que la isla debe enfrentar, con creatividad y vigilancia, las consecuencias de lo que él calificó de “persecución energética y financiera” desde Washington. En su intervención televisada ante medios oficiales y afines, el mandatario afirmó que Cuba no será tomada por sorpresa y que lleva años analizando posibles medidas de presión como la actual.
Pese a las advertencias sobre el impacto, Díaz-Canel rechazó la narrativa de un colapso inminente y apeló a alianzas internacionales, aunque sin detallar por ahora las medidas concretas del plan de contingencia.
¿Qué ha intensificado la crisis de combustible?
El contexto de esta situación es una profunda crisis energética que ya estaba en marcha. Cuba, cuyo sistema eléctrico depende en gran parte de importaciones de petróleo, ha visto reducciones drásticas en los envíos desde aliados clave como Venezuela y México, que han recortado sus suministros casi un tercio en comparación con años anteriores, afectando la generación de electricidad en la isla.

La presión estadounidense se ha intensificado hasta el punto de instaurar aranceles a países que suministren petróleo a La Habana, lo que ha puesto aún más tensión sobre las rutas de importación y ha agravado el panorama para los proveedores.
Impacto en la vida cotidiana y riesgo de apagones
Mientras se negocia y se elabora el plan oficial, los cubanos ya sienten los efectos de las restricciones. Apagones prolongados, que en algunas zonas superan las doce horas diarias, se han convertido en parte de la rutina y han afectado desde el suministro de agua hasta el transporte público y las comunicaciones.
Organizaciones internacionales como la ONU han lanzado advertencias sobre un posible colapso humanitario si la crisis energética no se mitiga a tiempo, señalando que la falta de combustible podría paralizar servicios esenciales y agravar la escasez de alimentos y medicinas.
Diálogo con EE. UU. y estrategia de respuesta
Pese al tono confrontativo por momentos, el Gobierno cubano ha declarado su disposición a entablar un diálogo con Estados Unidos en condiciones de igualdad y sin presiones, según palabras de Díaz-Canel. Sin embargo, la posición oficial sigue siendo firme en mantener la soberanía como base de cualquier negociación.
El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, también afirmó que Cuba viene preparándose para estos escenarios desde hace años y que la reorganización interna será clave para enfrentar el impacto de las medidas externas.


Alternativas y apoyos externos
En medio de la crisis, aliados como Rusia han manifestado su intención de continuar suministrando petróleo, una señal de apoyo político y material que contrasta con la presión de Washington.
A la vez, México ha expresado su intención de enviar ayuda humanitaria y explorar vías diplomáticas que permitan mitigar los efectos de las sanciones sin violar los acuerdos comerciales internacionales.
Una isla en búsqueda de soluciones
El anuncio del plan cubano por un posible desabastecimiento agudo de combustible pone de relieve la compleja encrucijada en la que se encuentra la isla: una economía presionada externamente y servicios que ya han empezado a fallar con mayor frecuencia. En el centro, la población común vive entre apagones, incertidumbre y la expectativa de cómo evolucionará este capítulo de tensiones entre La Habana y Washington.
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