En una sesión marcada por la hostilidad, la falta de consensos técnicos y un ambiente de confrontación absoluta, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó en lo particular la reforma electoral conocida como Plan B, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Lo que debió ser un debate legislativo de altura se transformó en una jornada de 14 horas donde los argumentos fueron sustituidos por insultos personales y escenas que evidencian la fractura política en el Congreso de la Unión.
Una votación dividida por bloques
La reforma recibió el respaldo mayoritario de la coalición gobernante y aliados. Con 343 votos a favor (Morena, PT y PVEM, sumándose en esta ocasión MC), frente a 124 sufragios en contra provenientes de las bancadas del PAN y el PRI, el dictamen logró avanzar. Sin embargo, el camino hacia la aprobación estuvo lejos de ser fluido, con un registro de 137 reservas y la participación de 131 oradores que, en su mayoría, utilizaron la tribuna para el ataque directo en lugar de la propuesta legislativa.


Aprobación entre insultos de los diputados
El intercambio de descalificaciones alcanzó niveles críticos. Los legisladores del PAN no dudaron en etiquetar a los integrantes de Morena como “narcopolíticos”, mientras que desde las filas del PRI se lanzaron epítetos contra Movimiento Ciudadano, calificándolos de “paleros”. El incidente del “chapopote” fue uno de los momentos más álgidos: luego de que una legisladora de Morena arrojara un bote con dicha sustancia, que previamente había sido colocado por emecistas como protesta,, la suciedad en el recinto provocó que el diputado Sergio Gil arremetiera con frases altisonantes sobre la limpieza del lugar.
La retórica subió de tono cuando el priista César Alejandro Domínguez exigió a la mayoría “dejar de hacerse pendejos y ponerse a gobernar”. La respuesta de Morena no tardó en llegar; el diputado Francisco Javier Sánchez advirtió que en las elecciones de 2027 la ciudadanía “cobrará factura” a la oposición por no apoyar las iniciativas que, según su visión, favorecen al pueblo, acusando al bloque opositor de defender antiguas “cuotas para los cuates”.
¿Qué contempla el Plan B aprobado?
Pese al intenso debate, la minuta fue aprobada sin cambios respecto a lo enviado por el Senado de la República. Un punto relevante es que se mantuvieron fuera las modificaciones propuestas originalmente por el Ejecutivo federal sobre los periodos para realizar consultas de revocación de mandato. Esto significa que la estructura técnica de la reforma electoral se mantiene intacta conforme a la última revisión senatorial.
¿Qué sigue para la reforma electoral?
Tras recibir luz verde en el Palacio Legislativo de San Lázaro, la minuta ha sido enviada a los congresos locales. Al tratarse de una reforma con implicaciones constitucionales y de alto impacto institucional, requiere ahora la validación de la mayoría de las legislaturas estatales para concluir su proceso legislativo y ser publicada en el Diario Oficial de la Federación.

El escenario que se vislumbra en los estados promete ser igual de complejo, mientras el país observa cómo una de las reformas más profundas del sexenio de Claudia Sheinbaum avanza en medio de un clima de polarización sin precedentes.
