El Centro Kennedy, el corazón de las artes escénicas en Washington D.C., se convirtió en el escenario de una nueva división política. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, acompañado por la primera dama, Melania Trump, asistió al estreno del musical ‘Chicago’, en una de sus escasas y polémicas apariciones en la vida cultural de la capital.
La llegada del mandatario al palco presidencial no pasó inadvertida. En cuanto los Trump tomaron asiento, una parte del público reaccionó con abucheos e increpaciones, evidenciando el rechazo de ciertos sectores del mundo artístico a su administración. No obstante, la respuesta fue inmediata por parte de sus simpatizantes, quienes intentaron apagar las protestas con fuertes aplausos. Ante la dualidad de la recepción, el presidente respondió levantando el puño en un gesto de victoria y saludo hacia sus seguidores.
El “Centro Trump-Kennedy”: Una institución bajo control de la Casa Blanca
La visita no fue un evento cultural cualquiera. El recinto se encuentra en el centro de una tormenta política tras la decisión del Gobierno de tomar el control total de su junta directiva el año pasado. Actualmente, el lugar ha sido rebautizado informalmente como el Centro Trump-Kennedy, una medida que ha generado una profunda fractura en la comunidad artística estadounidense.
Acompañando al presidente en el palco se encontraban figuras clave de su círculo cercano, como el asesor Dan Scavino y la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reforzando la imagen de una toma de posesión institucional sobre el histórico centro fundado en 1971 en honor a John F. Kennedy.

Cierre temporal y eliminación del contenido “woke”
La presencia de Trump en la función de ‘Chicago’ ocurre en un momento crítico para la institución. El pasado 13 de marzo de 2026, el presidente nombró a un nuevo director afín a sus políticas y anunció una medida drástica: el centro cerrará sus puertas el próximo 4 de julio, coincidiendo con el Día de la Independencia.
Según los informes oficiales, el cierre se debe a una ambiciosa renovación arquitectónica que se prolongará durante dos años. Sin embargo, la administración ha dejado claro que el cambio no será solo estético. Trump ha ordenado explícitamente:
- Eliminar el contenido “woke” (progresista) de toda la programación futura.
- Reestructurar las compañías residentes para alinearlas con los valores de su administración.
- Renovar profundamente el edificio para eliminar lo que consideran vestigios de una burocracia cultural obsoleta.
Boicot artístico y crisis en la taquilla
Esta transición no ha estado exenta de consecuencias económicas. Diversas compañías de danza, teatro y música han iniciado un boicot contra el Centro Kennedy en protesta por la intervención de la Casa Blanca. Esta desbandada de talento ha repercutido directamente en una disminución notable de la venta de boletos, dejando muchas funciones con asientos vacíos antes del anuncio del cierre definitivo.
El musical ‘Chicago’, irónicamente, es una obra que satiriza cómo los medios de comunicación y el espectáculo pueden manipular la percepción pública y convertir a personas en celebridades, un tema que resuena con la retórica habitual de la actual administración.

El futuro de las artes en la capital
Con el cierre previsto para julio de 2026, Washington se prepara para un periodo de sequía en su principal recinto cultural. La promesa de una “profunda renovación” ha dejado a los críticos y artistas con más dudas que certezas, preguntándose si el Centro Kennedy volverá a ser algún día el espacio plural y diverso que fue concebido originalmente para honrar la memoria del presidente asesinado en 1963.
Por ahora, la imagen del puño en alto de Trump frente a un público dividido resume perfectamente el estado de la cultura en la era actual: un campo de batalla donde el arte y la ideología parecen no encontrar puntos de retorno.
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