En un giro que ha sacudido los cimientos de la geopolítica hemisférica, la planeación militar para una posible operación liderada por el Pentágono en territorio cubano se está intensificando de manera estratégica. Según ha revelado una investigación exclusiva de USA TODAY, las fuerzas armadas de los Estados Unidos han comenzado a preparar escenarios de intervención ante la posibilidad de que el presidente Donald Trump emita una orden ejecutiva para incursionar en la isla.
Fuentes cercanas a las directivas militares, quienes compartieron información con USA TODAY bajo estricto anonimato, confirmaron que los preparativos se han acelerado en las últimas semanas. Esta movilización parece ser la culminación de una serie de tensiones que estallaron en enero de 2026, cuando la administración de Trump implementó un bloqueo severo a los envíos de petróleo hacia Cuba, con el objetivo declarado de forzar un cambio de régimen y desmantelar la estructura política del país caribeño.
El factor Trump: “Puedo hacer lo que quiera con ella”
A pesar de que gran parte del aparato de seguridad nacional de los Estados Unidos ha estado volcado hacia el conflicto bélico en Irán, la Casa Blanca no ha quitado el dedo del renglón respecto a La Habana. El tono utilizado por el presidente Trump ha pasado de la presión económica a la amenaza militar directa. En declaraciones recientes, el mandatario estadounidense ha manifestado que espera tener pronto el “honor” de “tomar Cuba, de alguna forma”.

En una conversación directa en la Casa Blanca el pasado 13 de abril, Trump comentó a USA TODAY: “Podríamos pasar por Cuba después de que terminemos con esto”, aludiendo a las operaciones militares que actualmente se desarrollan en Medio Oriente. Al ser cuestionado sobre la legalidad internacional de una acción de este tipo, el presidente fue tajante al afirmar que, sobre la isla, él tiene la capacidad de “hacer cualquier cosa que quiera”.

El fantasma de Caracas y la respuesta de La Habana
La incertidumbre sobre la seguridad en el Caribe se disparó tras la operación del 3 de enero, donde fuerzas estadounidenses extrajeron a Nicolás Maduro de su complejo en Caracas. Aquel episodio dejó un saldo de 32 militares cubanos fallecidos que formaban parte de la guardia presidencial venezolana. Este evento envió un mensaje contundente a las comunidades de exiliados en el sur de la Florida y sembró la sospecha de que el Comando Sur de los Estados Unidos ya tenía a Cuba en la mira como el siguiente objetivo.
Por su parte, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha respondido con un discurso de resistencia nacionalista. En una entrevista concedida a Newsweek, el líder cubano advirtió que su país está listo para repeler cualquier agresión externa. “Lucharemos, nos defenderemos, y si caemos en combate, morir por la patria es vivir”, declaró, evocando las consignas históricas de la revolución ante lo que calificó como una “amenaza imperialista”.


¿Diplomacia o conflicto abierto?
Lo paradójico de la situación actual es que, hasta hace apenas un mes, existían señales de un posible deshielo. En marzo, USA TODAY reportó que ambos gobiernos mantenían diálogos para firmar un acuerdo económico histórico que podría haber normalizado las relaciones comerciales. Sin embargo, los informes de la revista Zeteo sobre la escalada militar en el Capitolio y las recientes declaraciones de Trump sugieren que la vía diplomática está perdiendo terreno frente a la opción bélica.
Mientras el Departamento de Guerra y el Comando Sur mantienen hermetismo sobre los detalles tácticos, el mundo observa con atención una región que no enfrentaba una amenaza de intervención directa de esta magnitud desde la Guerra Fría. El futuro de Cuba pende ahora de un hilo entre la negociación de último minuto y una orden presidencial que podría cambiar el mapa político de América Latina.
