La fundadora del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, Ceci Flores, hizo pública una misiva dirigida a Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, con el objetivo de obtener información que permita la localización de su hijo, Alejandro Guadalupe, desaparecido desde hace casi once años.
La activista aprovechó la reciente petición del exlíder criminal sobre una mejora en sus condiciones carcelarias en Estados Unidos para solicitarle un gesto de humanidad hacia las familias que buscan a sus desaparecidos.
Alejandro Guadalupe Islas Flores fue privado de su libertad el 30 de octubre de 2015 en la carretera de Juan José Ríos, Sinaloa, cuando se trasladaba hacia su lugar de trabajo en Los Mochis. Desde entonces, la activista ha encabezado jornadas de búsqueda en diversos puntos del país, bajo un contexto de ausencia de justicia y escaso apoyo institucional.
Señalamientos directos y el riesgo de la búsqueda
En el texto, redactado bajo una premisa de amor maternal frente al temor por las represalias, Ceci Flores identifica a personas presuntamente vinculadas a la estructura criminal que encabezaba Guzmán Loera al momento de la desaparición. La buscadora sostiene que el retorno de su hijo a casa es un derecho humano que debe prevalecer por encima de las lógicas delictivas.
“A mi hijo se lo llevó ‘El Chava’, ‘El Chato’ y ‘El Mudo’ y al menos diez personas más y ellos refieren que trabajan para él”.
La activista enfatiza que su decisión de contactar al sentenciado en la prisión de máxima seguridad ADX Florence responde a la desesperación de más de una década de incertidumbre. En sus palabras, busca una reciprocidad en la demanda de dignidad que el propio Guzmán ha expresado ante las autoridades estadounidenses.

Un llamado en nombre de los colectivos de búsqueda
La carta no representa solo un esfuerzo individual, sino que refleja la crisis que enfrentan cientos de mujeres integradas en colectivos nacionales. Ceci Flores señala que las buscadoras han asumido la tarea de excavar con sus propias manos para otorgar una sepultura digna a sus familiares, en un escenario donde se sienten obligadas a pagar “una deuda que no debían”.
“Por lo cual yo me atrevo con mucho miedo, porque es el riesgo al que me enfrento, así como él mandó una carta pidiendo una vida digna, yo le mando esta carta pidiendo la dignidad de mi hijo”, señaló.