La intensificación de las operaciones militares rusas sobre Ucrania mantiene bajo presión tanto al frente de batalla como a la red civil de energía.
Pese a las gestiones diplomáticas encabezadas por Estados Unidos, las fuerzas de Moscú mantienen una ofensiva constante que este lunes registró impactos de drones en puntos estratégicos de Kramatorsk, ciudad situada a solo 15 kilómetros de las tropas rusas.
En Odesa, el despliegue de aeronaves no tripuladas provocó incendios en edificios residenciales y el fallecimiento de un hombre de 35 años. La situación se replica en Kharkiv, donde los servicios de emergencia localizaron los restos de una mujer y un menor de diez años tras los bombardeos.
El colapso del sistema eléctrico
La red de energía de Ucrania enfrenta una emergencia que ya alcanza las regiones occidentales del país. Los daños en líneas de alto voltaje, subestaciones y dos centrales térmicas obligan a millones de ciudadanos a subsistir con apenas unas horas de electricidad al día.
El operador estatal Ukrenergo reportó que, tras los ataques aéreos masivos del pasado sábado, varios reactores nucleares bajo jurisdicción de Kiev operan de forma parcial. En ciudades cercanas a la frontera europea, como Leópolis, los habitantes reciben menos de siete horas de energía mientras el termómetro marca temperaturas de diez grados bajo cero.


La vida bajo el estruendo de los generadores
La carencia de suministro eléctrico transformó el paisaje urbano y sonoro de las ciudades. El uso de generadores portátiles es ahora una constante en los accesos a comercios y establecimientos.
“La ciudad ya no huele a café sino a combustible quemado”, relató Vitali, un programador de 37 años.
Mientras algunos locales funcionan como puntos de calefacción y carga de dispositivos móviles, otros operan a la luz de las velas ante la imposibilidad de costear el diésel necesario para los equipos de emergencia.
La vida cotidiana se rige por los calendarios de suministro que las autoridades publican cada tarde.
Resiliencia y servicios básicos
A pesar de la precariedad, el alcalde de Leópolis, Andrí Sadovi, informó que la infraestructura crítica cuenta con mecanismos de reserva para sostener el flujo de agua y calefacción.
Las redes de comunicación permanecen activas bajo una presión constante.
En el ámbito educativo, Nazar, un maestro de 43 años, confirmó que las escuelas logran mantener sus puertas abiertas gracias a generadores propios, aunque reconoció que las condiciones en Kiev y en el este de Ucrania son todavía más severas.
El uso de linternas y múltiples capas de ropa se ha convertido en la norma para enfrentar los hogares sin calefacción eléctrica.
Con información de EFE
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