La obesidad se ha convertido en una emergencia sanitaria global que afecta a más de mil millones de personas. Proyecciones internacionales advierten que, si la tendencia continúa, esta cifra podría duplicarse en los próximos cinco años. En respuesta, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió nuevas recomendaciones sobre el uso de medicamentos originalmente desarrollados para la diabetes tipo 2 —semaglutida, liraglutida y tirzepatida— que ahora se considerarán una herramienta terapéutica contra la obesidad.
Estas sustancias, conocidas como análogos del GLP-1, actúan imitando hormonas intestinales que regulan el apetito, mejoran la respuesta a la glucosa y generan una sensación prolongada de saciedad. Aunque su eficacia para reducir peso ha sido comprobada en múltiples estudios clínicos, el debate sobre su uso continúa debido a su costo elevado, la recuperación del peso al dejar el tratamiento y el riesgo de que se convierta en una terapia de por vida.

¿La obesidad es ya una emergencia de salud pública global?
Para la OMS, la obesidad no solo incrementa la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes o ciertos tipos de cáncer, sino que también agrava cuadros infecciosos y presiona económicamente a los sistemas sanitarios. De acuerdo con sus estimaciones, los costos asociados podrían llegar a 3 mil millones de dólares hacia 2030.

El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que, si bien los medicamentos no resolverán por sí solos la crisis, sí pueden ser un apoyo clave para millones de personas que buscan controlar su peso. Las nuevas guías recomiendan estos fármacos para tratamientos de largo plazo en personas adultas con obesidad, aunque recalcan que la recomendación es condicional debido a la falta de evidencia de sus efectos a muy largo plazo y a las limitaciones de acceso actuales.

OMS impulsa acceso equitativo a medicamentos contra la obesidad
La organización subrayó que cualquier tratamiento debe acompañarse de cambios en la alimentación, actividad física y estrategias de apoyo sostenido, aunque reconoce que la evidencia sobre la mejora combinada aún es limitada. Uno de los grandes desafíos será garantizar que estos medicamentos no profundicen las brechas de acceso entre países.
Según previsiones internacionales, incluso ampliando la producción, menos del 10% de las personas que podrían beneficiarse tendrá acceso a terapias GLP-1 para 2030. Por ello, la OMS propone mecanismos como compras consolidadas, precios escalonados y acuerdos para la fabricación de versiones más accesibles por parte de empresas adicionales.

El anuncio representa un punto de inflexión en la estrategia global contra la obesidad. Aunque no es una solución definitiva, abre una nueva ruta en el tratamiento médico de esta condición y obliga a los gobiernos a preparar sistemas de salud capaces de ofrecer estas terapias de forma justa, eficiente y sostenible.
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