La Ciudad de México vivió un domingo de contrastes durante la inauguración de la ciclovía “La Gran Tenochtitlan”. Mientras cientos de ciclistas celebraban la apertura de esta ruta de 30 kilómetros, decenas de personas se manifestaron sobre la Calzada de Tlalpan para denunciar que la obra no es una mejora urbana para los residentes, sino una estrategia de “limpieza social” diseñada para el turismo internacional que arribará para el Mundial de Fútbol 2026.
La movilización, integrada principalmente por trabajadoras sexuales independientes y vecinos de colonias del sur, señala que los proyectos de infraestructura vinculados a la Copa del Mundo están desplazando a las comunidades locales y precarizando sus medios de subsistencia.

El impacto en las trabajadoras sexuales de Tlalpan
El grupo más visible en la protesta fue el de las trabajadoras sexuales independientes que laboran históricamente en la Calzada de Tlalpan. Lorena Cruz, representante del colectivo Trasuixxx (Trabajadoras Sexuales Unidas e Independientes), explicó que la construcción de la ciclovía ha reducido sus ingresos en más del 90%, dejándolas en una situación de extrema vulnerabilidad.
“Nos afecta totalmente porque nos vulnera, nos deja sin ingreso, nos está dejando en situación de calle. Las compañeras no generan lo suficiente para pagar una renta o para comer”, expuso Cruz ante los medios.
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Para estas mujeres, la ciclovía —que conecta el Zócalo con el Estadio Azteca— actúa como una barrera física y policial que las desplaza de su zona tradicional de trabajo. Karolina, otra integrante del colectivo, enfatizó que su lucha no es contra los usuarios de bicicletas, sino contra un Gobierno que prioriza la estética urbana para el evento deportivo sobre el sustento de las casi 2,000 mujeres que ejercen esta labor en la zona.
“Ciclovía del despojo”
A la protesta se sumaron activistas y habitantes de Santa Úrsula Coapa, zona donde se ubica el Estadio Azteca y donde concluye la nueva ruta ciclista. Los residentes denunciaron que las obras de remodelación y movilidad han generado un fenómeno de gentrificación y despojo en sus barrios.
La activista Natalia Lara calificó el proyecto como la “ciclovía del despojo”, argumentando que bajo el argumento del progreso y la sustentabilidad, se están eliminando comercios locales y empleos informales para “higienizar” la ruta que seguirán los turistas el próximo 11 de junio, día de la inauguración del Mundial.
Detalles de la obra inaugurada:
- Extensión: 30 kilómetros aproximadamente.
- Ruta: Conecta el Centro Histórico con el Estadio Azteca.
- Cierre de proyecto: Iniciado en 2025, culminó este 19 de abril con una rodada masiva y la formación de una bicicleta humana en el Zócalo.
Hacia un Mundial 2026 ignorando las necesidades
La indignación entre los manifestantes escaló hasta el punto de proponer un boicot total a la Copa Mundial. Entre consignas y mantas, los asistentes advirtieron que los megaproyectos actuales ignoran las necesidades básicas de vivienda y empleo de los capitalinos.

“Estamos buscando que nos otorguen vivienda digna inmediatamente antes del Mundial”, sentenciaron las representantes de Trasuixxx, asegurando que no están dispuestas a “entregar la calle” sin una garantía de seguridad social y habitacional.
A menos de dos meses de que México, Estados Unidos y Canadá den inicio a la justa mundialista, la Ciudad de México enfrenta el reto de equilibrar su proyección internacional con el respeto a los derechos humanos de sus poblaciones más vulnerables. La protesta del domingo, aunque pacífica y resguardada por un centenar de policías, deja una advertencia clara: para muchos habitantes, el Mundial no es una fiesta, sino una amenaza a su derecho a la ciudad.

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