A casi dos siglos del conflicto armado entre México y Estados Unidos, la historia volvió a colocarse en el centro del debate político contemporáneo. Esta vez no como un ejercicio académico, sino como una herramienta discursiva desde la Casa Blanca para legitimar una estrategia de seguridad, control migratorio y política exterior en todo el hemisferio occidental.
El presidente estadounidense, Donald Trump, recurrió al recuerdo de la Guerra México–Estados Unidos para trazar un paralelismo entre la expansión territorial del siglo XIX y su actual narrativa de “defensa nacional”, una comparación que ha encendido alertas entre analistas por la forma en que reconfigura un episodio histórico marcado por la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano.
Con motivo del 178 aniversario del fin del conflicto bélico, la Casa Blanca difundió el 2 de febrero un mensaje oficial en el que Trump calificó la guerra como una “victoria legendaria” que consolidó el suroeste estadounidense y reforzó su soberanía. En el comunicado, el mandatario destacó que la guerra permitió la expansión del país hacia el Pacífico y la incorporación de extensos territorios.
El presidente retomó el concepto del Destino Manifiesto, al señalar que Estados Unidos estaba predestinado —por designio divino— a extenderse de costa a costa. En su recuento histórico, recordó la independencia de Texas en 1836 y su posterior anexión a Estados Unidos, hechos que derivaron en disputas fronterizas con México.

Trump sostuvo que el conflicto armado inició tras un ataque mexicano en abril de 1846 a tropas estadounidenses en la región del Río Bravo, episodio que llevó al entonces presidente James K. Polk a declarar la guerra un mes después. En el mensaje, se resalta el papel de los generales Zachary Taylor y Winfield Scott, así como la supuesta superioridad estratégica del ejército estadounidense.
El comunicado también describe la toma de la Ciudad de México en septiembre de 1847 como un acto “heroico”, que culminó con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo en febrero de 1848. Dicho acuerdo formalizó la cesión de más de 525 mil millas cuadradas, equivalentes a más de la mitad del territorio mexicano previo a la guerra.

¿Por qué Trump recurre a la guerra con México en su discurso actual?
Trump vinculó directamente este episodio histórico con su gestión presidencial. Afirmó que, inspirado por aquella victoria militar, su administración ha reforzado la defensa de la frontera sur frente a lo que calificó como “invasiones”, además de combatir el tráfico de drogas y la migración irregular.
El mandatario aseguró que su gobierno está desmantelando redes de narcotráfico y “narcoterrorismo” en todo el hemisferio occidental, y que estas acciones forman parte de una estrategia más amplia de seguridad regional bajo el principio de “Estados Unidos Primero”.

En ese contexto, también presumió acuerdos comerciales con países de América Latina como El Salvador, Argentina, Ecuador y Guatemala, y afirmó haber impedido que una “potencia extranjera hostil” tomara control del Canal de Panamá, sin ofrecer mayores detalles.
Seguridad, expansión histórica y política hemisférica
El mensaje presidencial refuerza una visión de política exterior basada en la fuerza militar, el control territorial y la hegemonía regional. Trump señaló que su administración busca restablecer el dominio marítimo estadounidense y reafirmar lo que denominó el “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe, con el objetivo de mantener al hemisferio “seguro, próspero y libre”.
El comunicado concluye con un homenaje a los soldados estadounidenses caídos durante la guerra del siglo XIX, enmarcado en los preparativos por los 250 años de la independencia de Estados Unidos. Para Trump, el legado de aquel conflicto sigue vivo en lo que describió como la fortaleza y el espíritu inquebrantable de la nación.

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