El Madison Square Garden de Nueva York se convirtió en el escenario de una intensa manifestación política. Durante el tercer encuentro de las Finales de la NBA entre los Knicks de Nueva York y los Spurs de San Antonio. El presidente estadounidense, Donald Trump, recibió un sonoro abucheo por parte de la multitud presente. La masiva desaprobación opacó de inmediato los aplausos de un sector minoritario de simpatizantes que se encontraban en el recinto deportivo.
Rechazo multitudinario
El incidente ocurrió en los momentos previos al arranque del partido, justo cuando se entonaba el himno nacional de Estados Unidos. En ese instante, las pantallas gigantes del estadio proyectaron la imagen del mandatario saludando militarmente desde un palco privado. La respuesta de los miles de espectadores fue instantánea y ruidosa, reflejando la polarización política que se vive en el país, a pesar de que las cámaras mostraron a un Trump sonriente durante el acto protocolario.
La presencia del jefe de Estado en el recinto tuvo un carácter histórico, ya que se convirtió en el primer presidente en funciones de la Unión Americana en asistir presencialmente a un partido de las Finales de la NBA. Trump acudió al evento deportivo tras recibir una invitación formal de James Dolan, propietario de la franquicia de los Knicks, y estuvo acompañado en su palco por su nieta, Kai Trump.
Debido a la investidura presidencial, el Servicio Secreto y las fuerzas de seguridad locales implementaron un riguroso operativo en Manhattan, estableciendo un amplio perímetro de control en los alrededores del estadio y de la cercana estación Penn Station. Esta última zona ya se encontraba bajo estricta vigilancia tras un ataque con arma blanca registrado la noche previa.
A diferencia de los dos primeros compromisos de la serie celebrados en San Antonio, Texas, donde se instalaron zonas festivas para los aficionados, las restricciones de seguridad en Nueva York impidieron la colocación de áreas públicas de esparcimiento. Los asistentes al Madison Square Garden debieron superar filtros de revisión similares a los de un aeropuerto, lo que obligó a las autoridades a solicitar el ingreso al inmueble con varias horas de anticipación.
