Detrás del rendimiento físico de los jugadores de élite que disputan el Mundial 2026 existen estrategias minuciosas que van más allá del entrenamiento en la cancha. La alimentación juega un rol crucial para soportar la intensidad de los partidos actuales, donde las exigencias físicas han evolucionado de forma drástica.
El verdadero combustible
Contrario a la creencia popular de que los atletas de alto rendimiento basan su dieta exclusivamente en proteínas o alimentos exóticos, la prioridad para mantener la energía en el balompié son los carbohidratos. Los azúcares complejos y simples representan la fuente principal para el rendimiento en el campo.
Previo a una competencia o un entrenamiento matutino, el desayuno ideal consiste en avena combinada con granola, frutos rojos y yogurt griego. Cuando la actividad se traslada a la tarde, la comida fuerte se enfoca en porciones de pasta o arroz, acompañadas de puré de papa. En estos menús se reduce al mínimo el consumo de grasas, debido a que su digestión lenta puede provocar malestares estomacales durante el juego, manifestó en entrevista radiofónica para W Radio, Beatriz Boullosa, especialista en nutrición deportiva quien lideró el área nutricional de la Selección Mexicana, además de estar a cargo de las dietas individuales de Raúl Jiménez y Jorge Sánchez, quienes actualmente participan en el máximo certamen futbolístico.

El desgaste físico
La evolución del deporte ha provocado que los futbolistas corran distancias mucho mayores que hace 15 años. Dependiendo de la posición táctica en el terreno de juego, un elemento profesional puede recorrer entre 10 y 15 kilómetros por partido y una pérdida aproximada de 2 mil a 2 mil 500 calorías.
Dicho esfuerzo no es lineal, sino que incluye constantes cambios de ritmo, saltos y frenados bruscos. A esto se suma el desgaste cognitivo, ya que los jugadores deben tomar decisiones estratégicas en fracciones de segundo, calculando pases y movimientos bajo altos niveles de estrés y presión mediática: funcionando al límite de su metabolismo.

Hidratación y control de peso en la cancha
Un mito común es que los futbolistas pierden peso en grasa durante un juego; sin embargo, la especialista indicó que cualquier reducción drástica en la báscula se debe a la deshidratación. Para evitar calambres, dolores de cabeza o pérdida de concentración e irritabilidad, un deportista no debe perder más del 1% de su peso corporal en fluidos.
Ante las recientes pautas del organismo rector de futbol sobre los recesos de hidratación -asociados en ocasiones a temas comerciales-, los nutriólogos aprovechan esos minutos para suministrar bebidas deportivas a los jugadores. Estas fórmulas garantizan la reposición inmediata de agua, electrolitos y azúcares de rápida absorción directos a los músculos y al cerebro, consolidando el soporte necesario para aguantar los 90 minutos de juego en el máximo nivel competitivo.

