Durante una asamblea informativa en Sombrerete, Zacatecas, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, fijó una postura clara pero conciliadora ante las recientes declaraciones de su homólogo estadounidense, Donald Trump, quien insiste en denominar al Golfo de México como “Golfo de América”.
La mandataria subrayó que, aunque se defiende la identidad geográfica y soberana del país, México no busca confrontaciones con la administración de Estados Unidos, reconociendo la importancia de la relación binacional.
Una respuesta diplomática: “No queremos problemas con EE. UU.”
Frente a cientos de asistentes, la jefa del Ejecutivo mexicano enfatizó que la prioridad de su gobierno es mantener una relación de respeto y colaboración con el país vecino, especialmente por los lazos comerciales y la protección de los connacionales que residen allá.
“No es conflicto, ni mucho menos, ni queremos nosotros ningún problema con el gobierno de Estados Unidos. Somos socios, queremos a nuestros hermanos que viven allá y los defendemos”, afirmó Sheinbaum ante la multitud zacatecana.
Posteriormente, la presidenta entabló un diálogo con el público para reafirmar el nombre histórico de la región marítima. Ante la pregunta de cómo se llamaba dicho cuerpo de agua, los asistentes respondieron con euforia: “¡De México!”.

¿Cuál es el origen de la controversia con Donald Trump?
La reacción de la mandataria mexicana surge tras un evento organizado por inversionistas de Arabia Saudita, donde Donald Trump relató una supuesta conversación con Sheinbaum. En dicho foro, el mandatario norteamericano afirmó haber decidido cambiar el nombre a “Golfo de América”.
Los argumentos de Trump incluyen:
- La afirmación de que Estados Unidos posee la mayor parte del área marítima.
- La supuesta existencia de una resolución judicial que respalda el cambio.
- El señalamiento de que diversas plataformas digitales ya han comenzado a modificar la denominación en sus mapas.

México y Estados Unidos: Socios estratégicos ante la retórica
A pesar de la narrativa impulsada desde la Casa Blanca, la administración de Claudia Sheinbaum ha optado por una estrategia de prudencia política. Al reconocer a Estados Unidos como el socio comercial más importante, la presidenta busca separar la retórica política de Trump de la operatividad económica del T-MEC.
Expertos en geografía y derecho internacional han señalado que los nombres de los cuerpos de agua internacionales están regidos por convenciones históricas y organismos como la Organización Hidrográfica Internacional, por lo que un cambio unilateral carecería de validez oficial fuera de la jurisdicción estadounidense.
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