El sistema judicial del estado de Chihuahua se encuentra de luto y bajo una fuerte conmoción tras la confirmación del fallecimiento del juez de control Omar García Cano.
El juzgador, cuyo cuerpo fue localizado sin vida en su domicilio en la capital del estado, era una figura central en los procesos penales más mediáticos y complejos de la última década en la entidad, particularmente aquellos relacionados con la administración del exgobernador César Duarte Jáquez.
El hallazgo y las primeras investigaciones
El reporte del hallazgo se dio durante las primeras horas de este jueves, cuando familiares o personas cercanas, según las primeras versiones, dieron aviso a las autoridades tras no tener noticias del juez. Elementos de la Fiscalía General del Estado (FGE) y personal de servicios periciales se desplazaron de inmediato a la vivienda para acordonar el área y dar inicio a las diligencias correspondientes.
Hasta el momento, las autoridades han mantenido un manejo cauteloso de la información. No se han confirmado oficialmente signos de violencia, por lo que la causa del deceso permanece bajo reserva mientras se practica la necropsia de ley.
Sin embargo, dada la relevancia de los casos que García Cano tenía bajo su responsabilidad, el suceso ha generado una ola de especulaciones y una exigencia inmediata de transparencia por parte de la comunidad jurídica y la sociedad civil.
¿Quién era Omar García Cano y su vínculo con el caso Duarte?
Omar García Cano no era un juez desconocido. Su trayectoria estuvo marcada por la conducción de audiencias críticas dentro de la llamada “Operación Justicia para Chihuahua”. Fue él quien tuvo en sus manos decisiones fundamentales respecto a los procesos de peculado y asociación delictuosa imputados a exfuncionarios de primer nivel y al propio exmandatario César Duarte.
Su papel fue determinante en la vinculación a proceso de diversos actores políticos involucrados en el presunto desvío de recursos públicos. Se le reconocía por su rigor técnico y por mantener la conducción de audiencias maratónicas bajo una intensa presión mediática y política.
Su fallecimiento representa no solo la pérdida de un servidor público, sino un golpe a la continuidad de procesos judiciales que siguen abiertos y que son fundamentales para la memoria institucional de Chihuahua.
¿Ahora qué sigue?
La noticia ha provocado una inmediata reacción en el Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJ), donde colegas y personal administrativo han expresado su pesar. García Cano era considerado un juez experimentado, capaz de navegar en las turbulentas aguas de los casos de corrupción de alto perfil.
La Fiscalía General del Estado ha prometido una investigación exhaustiva para esclarecer las circunstancias de su muerte. En un contexto donde la seguridad de los juzgadores es un tema recurrente en la agenda nacional, el deceso de García Cano pone nuevamente sobre la mesa la vulnerabilidad de quienes imparten justicia en casos que afectan intereses de figuras poderosas.
Mientras se esperan los resultados periciales finales, el Poder Judicial de Chihuahua deberá reorganizar las agendas de los juzgados de control para evitar que la ausencia de García Cano detenga el avance de los expedientes en curso. La muerte del juez cierra un capítulo personal, pero deja abiertas numerosas interrogantes sobre el destino de los casos que, hasta ayer, estaban bajo su estricta supervisión.
