La temporada invernal, especialmente durante el mes de diciembre, suele estar marcada por el aumento de enfermedades respiratorias que afectan a amplios sectores de la población. En este contexto, la influenza A H3N2 cobra especial relevancia, pues es una de las variantes virales que más impacto genera en esta época del año.
Entender qué es este virus y por qué su vigilancia y prevención son prioritarias resulta fundamental para evitar complicaciones de salud pública.
Influenza A H3N2 y su impacto creciente
La influenza A H3N2 se caracteriza por la presencia de las proteínas de superficie hemaglutinina H3 y neuraminidasa N2, formando parte de las cepas comúnmente incluidas en las vacunas estacionales. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta variante puede generar desde síntomas leves hasta cuadros graves que requieren hospitalización e incluso causar la muerte, especialmente en grupos vulnerables.
Asimismo, la OMS reportó un aumento en la detección de virus A (H3N2) a inicios del invierno en el hemisferio norte y advirtió que, aunque la actividad global se mantiene dentro de los rangos esperados para la temporada, en algunas regiones la circulación del virus ha comenzado antes y con mayor intensidad de lo habitual.

En cuanto a la vigilancia viral, la Organización Panamericana de la Salud (OPS/PAHO) destacó la necesidad de que los países americanos fortalezcan la preparación de sus servicios de salud para enfrentar la temporada invernal, reforzando los sistemas de vigilancia para vigilar el impacto de la influenza y otros virus respiratorios.
En este sentido, la OPS puntualizó que la utilización de sistemas de vigilancia genómica es fundamental para identificar subclados virales con mayor capacidad de transmisión o con cambios antigénicos que pudieran afectar la eficacia de las vacunas actuales.
Respecto a la sintomatología, la influenza A H3N2 provoca manifestaciones clásicas de la gripe como fiebre, tos, dolor de garganta, dolores musculares, fatiga y congestión nasal. No obstante, en determinadas circunstancias puede evolucionar a complicaciones severas como neumonía o insuficiencia respiratoria.

Riesgo y prevención
La OMS y la OPS señalan que adultos mayores, niños pequeños, mujeres embarazadas y personas con condiciones crónicas —como enfermedades cardiacas, respiratorias, diabetes o estados de inmunosupresión— presentan mayor riesgo de complicaciones y requieren una vigilancia médica más intensiva.

Para la prevención y el manejo clínico, la vacunación anual contra la influenza es la medida más efectiva para disminuir hospitalizaciones y muertes relacionadas con H3N2. Según la OMS, la formulación de la vacuna se actualiza regularmente a partir del análisis virológico global y la evidencia sobre su efectividad, aunque reconocen que los llamados fenómenos de deriva antigénica del virus pueden reducir su protección en ciertas temporadas.

En casos leves, se recomienda reposo, hidratación y tratamiento sintomático; pero en pacientes con factores de riesgo o signos de complicación, se aconseja una evaluación médica pronta y, en caso necesario, la administración de antivirales conforme a las guías nacionales e internacionales.
Entre las medidas no farmacológicas, las autoridades sanitarias insisten en la importancia del lavado frecuente de manos, el uso de mascarillas en espacios cerrados con alta transmisión, la adecuada ventilación de ambientes y evitar aglomeraciones durante los picos de circulación viral, como estrategias clave para limitar la transmisión comunitaria.
Finalmente, estudios científicos sobre la evolución de H3N2 destacan que la interacción entre la inmunidad de la población, la deriva genética del virus y su patrón de transmisión condiciona la estacionalidad y severidad de los brotes. Por lo anterior, la colaboración entre la vigilancia epidemiológica y genómica es esencial para anticipar cambios en el virus y orientar la actualización oportuna de las vacunas.
