De acuerdo con estimaciones de la consultora Deloitte, el 65% del gasto durante el Mundial estará destinado a bebidas alcohólicas, muy por encima de otros productos como bebidas no alcohólicas (25%) y botanas (10%).
Este comportamiento no es nuevo. Experiencias previas, como el Mundial de Qatar 2022, mostraron que estas categorías pueden crecer a doble dígito, impulsadas por reuniones en casa, eventos públicos y el ambiente festivo que rodea al futbol.
En el caso de México, el fenómeno será aún más evidente: se prevé que 65% de los aficionados vean los partidos desde casa, convirtiendo los hogares en el principal punto de consumo y generando una derrama estimada de 181 millones de dólares.
A esto se suman los Fan Fests, donde se espera la asistencia de más de 4.2 millones de personas, consolidando a la cerveza como uno de los productos estrella del torneo.

De ventas débiles a un boom mundialista
El entusiasmo contrasta con el desempeño reciente del sector. Durante 2025, la industria cervecera enfrentó un entorno complicado, marcado por la desaceleración económica y una caída en el consumo.

Heineken, por ejemplo, reportó una disminución de 2.8% en volumen de ventas en la región Américas, además de una baja de 1% en ingresos. Por su parte, AB InBev —a través de Grupo Modelo— apenas logró un crecimiento de 0.5% en Latinoamérica.
El canal tradicional también refleja esta presión: las ventas de bebidas alcohólicas en tienditas cayeron 5.4% en el último año, según datos de NielsenIQ.
En este escenario, el Mundial aparece como una oportunidad clave para reactivar el consumo y compensar las pérdidas recientes, impulsando tanto el volumen de ventas como la presencia de marca.
El reto, convertir la demanda en ventas reales
Sin embargo, el crecimiento no está garantizado. Para capitalizar el aumento en el consumo, las cerveceras enfrentan un reto logístico importante.

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Empresas como Heineken ya preparan estrategias que incluyen la renta de bodegas adicionales, instalación de contenedores y refuerzo de rutas de distribución en ciudades sede como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
El desafío será abastecer de manera constante a un mercado que no solo crecerá, sino que será más dinámico: desde compras planeadas en supermercados hasta consumo inmediato en tiendas de conveniencia y eventos masivos.
El Mundial, algo más que futbol
Más allá del espectáculo deportivo, el Mundial 2026 se perfila como un motor económico para la industria cervecera, que busca dejar atrás un periodo de debilidad y capitalizar uno de los eventos de mayor consumo a nivel global.
En un país donde la cerveza ya es uno de los productos más vendidos, la Copa del Mundo podría marcar un antes y un después, demostrando que, al menos en términos de consumo, el futbol también se juega en la mesa.
