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¡No es el petróleo! El agua, el recurso más vulnerable en la crisis de Medio Oriente

El conflicto en Medio Oriente podría estar abriendo un frente inesperado: el agua potable. En medio de ataques con misiles y drones en la región del golfo Pérsico, varias plantas desalinizadoras (instalaciones clave para convertir agua de mar en agua potable) han resultado dañadas o amenazadas, lo que ha encendido alarmas entre analistas y especialistas en seguridad hídrica.

Aunque los ataques directos a infraestructuras de agua han sido históricamente poco frecuentes, los incidentes recientes han puesto en el centro del debate la posibilidad de que el suministro de agua se convierta en un objetivo estratégico en el conflicto.

De acuerdo con reportes de autoridades y expertos citados por las agencias AFP y AP, cualquier interrupción prolongada podría tener consecuencias graves para millones de personas que dependen de estas instalaciones.

Medio Oriente, región que depende del agua del mar

En Medio Oriente, una de las regiones más áridas del planeta, el acceso al agua dulce es extremadamente limitado. Según datos citados por especialistas, cerca del 42% de la capacidad mundial de desalinización se concentra en esta zona.

En varios países del golfo, la mayor parte del agua potable proviene de plantas que eliminan la sal del agua marina mediante procesos tecnológicos como la ósmosis inversa (proceso avanzado de purificación de agua).

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Diversas regiones dependen altamente de este recurso:

  • Kuwait: alrededor de 90% del agua potable proviene de desalinización
  • Omán: cerca de 86%
  • Arabia Saudita: aproximadamente 70%
  • Emiratos Árabes Unidos: cerca de 42%

Sin estas instalaciones, advierten analistas citados por AP, muchas ciudades simplemente no podrían sostener sus poblaciones actuales.

Ataques y daños recientes

La preocupación aumentó tras varios incidentes ocurridos en los últimos días.

Autoridades de Baréin señalaron que una de sus plantas desalinizadoras sufrió daños después de un ataque con drones atribuido a Irán.

Por su parte, Teherán acusó a Estados Unidos de haber atacado una planta en la isla de Qeshm, lo que habría afectado el suministro de agua para 30 aldeas.

También se reportaron daños en instalaciones relacionadas con agua y energía en Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, algunos de ellos derivados de ataques contra puertos cercanos o de restos de drones interceptados.

Los expertos advierten que estas infraestructuras pueden verse afectadas no solo por ataques directos, sino también por daños en sistemas eléctricos o instalaciones portuarias cercanas.

Una infraestructura vulnerable

Las plantas desalinizadoras suelen ubicarse en zonas costeras y dependen de varios componentes críticos, como sistemas de captación de agua de mar, equipos de tratamiento y suministro constante de energía.

Esto significa que un ataque en cualquier punto de la cadena puede interrumpir la producción de agua potable.

Además, muchas instalaciones están integradas con centrales eléctricas, por lo que los ataques a la infraestructura energética también pueden afectar el suministro hídrico.

Analistas citados por AP señalan que este tipo de instalaciones representan objetivos especialmente vulnerables en escenarios de guerra.

Consecuencias si el suministro se interrumpe

Las posibles consecuencias de un ataque prolongado contra plantas desalinizadoras podrían ir desde problemas puntuales hasta crisis mayores.

Especialistas advierten que algunas ciudades podrían quedarse sin agua potable en cuestión de días si una instalación crítica queda fuera de servicio.

Entre los escenarios que se han planteado están:

  • racionamiento de agua
  • interrupciones en actividades industriales y turísticas
  • impactos en centros de datos que requieren grandes volúmenes de agua para refrigeración
  • incluso posibles evacuaciones de grandes ciudades

Un análisis de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos de 2010 ya advertía que ataques contra instalaciones de desalinización podrían provocar crisis nacionales en varios estados del golfo.

Un riesgo que no es nuevo

Los ataques contra este tipo de infraestructura han sido relativamente raros, pero existen precedentes.

Durante la Guerra del Golfo de 1991, fuerzas iraquíes sabotearon centrales eléctricas y plantas de desalinización al retirarse de Kuwait, lo que dejó al país sin gran parte de su suministro de agua dulce.

Más recientemente, también se han registrado ataques contra instalaciones sauditas en el marco del conflicto con rebeldes hutíes en Yemen.

Estos episodios, señalan expertos citados por AFP, muestran cómo los conflictos armados pueden extenderse hacia infraestructuras críticas para la vida cotidiana.

Con información de AFP y AP.