La técnica de extracción de hidrocarburos conocida como “fracking” volvió a ser tema de discusión luego que la presidenta Claudia Sheinbaum asegurara que se analizaría su implementación. Organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), han señalado que esta práctica representa un riesgo significativo debido a los posibles daños irreversibles al medioambiente y a la salud pública.
¿Qué es el “fracking”?
El “fracking” es un procedimiento diseñado para la extracción de gas y petróleo atrapados en formaciones rocosas de baja porosidad y permeabilidad, denominadas yacimientos no convencionales.
A diferencia de los yacimientos convencionales, donde los hidrocarburos migraron a rocas permeables y pueden explotarse con técnicas tradicionales, en los no convencionales los recursos permanecen en la roca generadora.
Para liberar estos hidrocarburos, el método combina la perforación horizontal con la fracturación hidráulica. Aunque ambas técnicas existen desde mediados del siglo pasado, su aplicación conjunta en este tipo de yacimientos es el desarrollo técnico que define al fracking moderno.

Mecánica de la inyección a presión y el uso de químicos
El proceso operativo comienza con la perforación de un pozo que desciende miles de metros verticalmente hasta alcanzar el yacimiento, para luego extenderse horizontalmente por cientos de metros más. El pozo se reviste con una tubería cementada para aislarlo del entorno. Posteriormente, herramientas especiales punzan la roca en la sección profunda para crear las fisuras iniciales.

El paso crucial consiste en bombear una mezcla de agua, arenas especiales y aditivos químicos a una presión extremadamente alta. Este fluido genera microfisuras en la roca de apenas unos milímetros de espesor, pero con una extensión de varios metros. La arena contenida en la mezcla actúa como un agente de soporte para evitar que las grietas vuelvan a cerrarse, mientras que los aditivos químicos cumplen funciones como reducir la fricción durante el bombeo y prevenir la erosión de la infraestructura. Una vez que la mezcla inyectada retorna a la superficie, el gas o el petróleo atrapado comienza a fluir hacia el pozo a través de las fisuras creadas.

¿Cuáles son los riesgos de extracción por “fracking”?
Uno de los principales puntos de preocupación respecto al “fracking” es su alto requerimiento hídrico.
El volumen de agua necesario varía según las características geológicas y la longitud del pozo, pero se estima que un solo pozo puede consumir entre 9,000 y 29,000 metros cúbicos de agua.
En un campo de explotación regular con seis pozos, el consumo total podría oscilar entre 54,000 y 174,000 metros cúbicos. Este uso es intensivo, ya que la inyección se realiza en un periodo corto de aproximadamente dos semanas, lo que podría generar presión sobre las fuentes de agua locales de las que dependen comunidades, ecosistemas y otras actividades económicas.

Además del volumen, la Alianza Mexicana contra el Fracking ha alertado sobre los riesgos de contaminación.
“Se han identificado 750 tipos diferentes de productos químicos en los fluidos de fracturación analizados, entre ellos sustancias de gran toxicidad como el metanol, benceno, tolueno, etilbenceno y xileno”, sostuvo.
La misma organización señala que, según expertos, al menos 25% de las sustancias utilizadas en las distintas mezclas de perforación pueden causar cáncer y mutaciones, 37% afectar al sistema endocrino, 40% provocar alergias y 50% dañar el sistema nervioso.
“Los pozos de agua potable que abastecen a la población situados en cercanías de las zonas donde se aplica la fracturación hidráulica tienen altos niveles de metano y sustancias cancerígenas y neurotóxicas”, asegura.
Además, la población que habita cerca de los pozos tiene 66% de probabilidad de padecer cáncer asociado a la contaminación atmosférica. Igualmente, la toxicidad y los riesgos de accidentes asociados a esta actividad repercute en la salud y la vida de las y los trabajadores de la industria.
