El rey Carlos III inició este lunes una visita de Estado de cuatro días en los Estados Unidos. El monarca británico fue recibido por el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, en un encuentro que busca reafirmar los vínculos históricos entre ambas naciones a pesar de las profundas discrepancias diplomáticas respecto a la guerra que sostiene la administración Trump en Irán.
Ambos líderes intercambiaron gestos de cortesía frente al Pórtico Sur de la residencia oficial. Mientras la primera dama, Melania Trump, saludaba a la pareja real, la reina Camila lucía un broche con las banderas de ambos países.
Sin embargo, detrás de la recepción protocolaria que incluyó un té privado y un recorrido por la mansión ejecutiva, subyace una crisis política provocada por la negativa de Londres a colaborar militarmente en el conflicto iraní.
Ofensiva diplomática en medio de la crisis de seguridad
La gira real no se interrumpió pese al tiroteo registrado el pasado sábado durante la cena de corresponsales, evento donde un sospechoso intentó atentar contra la vida del mandatario estadounidense.
Mientras el acusado comparecía ante un tribunal federal este lunes, Carlos III, de 77 años, cumplía con una agenda que incluyó una recepción en la embajada británica. Al evento asistieron figuras como el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y el campeón olímpico Tom Daley.
El viaje conmemora el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos de la corona británica, entonces bajo el mando de Jorge III. No obstante, el actual monarca enfrenta el reto de desplegar sus habilidades de mediación ante las constantes críticas de Trump hacia el primer ministro Keir Starmer.
El presidente de 79 años ha señalado públicamente las políticas de inmigración y energía del gobierno británico, aunque mantiene una postura distinta hacia la figura real.

“Es amigo mío desde hace mucho tiempo (…) representa a su nación como nadie más puede hacerlo”, declaró Trump recientemente.
Discurso ante el Congreso y agenda en Nueva York
Este martes se considera el punto álgido de la visita, cuando Carlos III se dirija al Congreso de los Estados Unidos, tal como lo hizo su madre, la reina Isabel II, en 1991.
En un extracto del discurso difundido previamente, el soberano describirá la relación binacional como una historia de “reconciliación y renovación”.

