La reciente tragedia sísmica que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio, con dos terremotos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5, con 39 segundos de diferencia entre uno y otro, ha abierto un profundo debate sobre la vulnerabilidad de su infraestructura. Aunque los epicentros se localizaron en el estado de Yaracuy, la peor parte de la destrucción se concentró en la región costera de La Guaira, decretada como zona de desastre.
Reportes oficiales estiman que son cientos los inmuebles colapsados o dañados, mientras proyecciones satelitales sugieren afectaciones significativamente mayores a nivel nacional. Geólogos e ingenieros internacionales coinciden en que la catástrofe no responde a un único factor, sino a una compleja combinación de variables geográficas y estructurales. El fenómeno, descrito como un “doblete sísmico”, liberó una cantidad inusual de energía que golpeó de manera directa el norte del país, ensañándose con las localidades costeras.
Las causas de los derrumbes
1. – La primera gran clave de la devastación radica en la ubicación geográfica de La Guaira, situada justamente frente a la falla de San Sebastián, el punto de contacto entre las placas del Caribe y la Sudamericana. El movimiento telúrico provocó una ruptura submarina extrema que impactó a muy poca distancia de la costa, registrando desplazamientos del lecho marino de hasta 3,6 metros en zonas críticas como Catia La Mar, ciudad turística que hoy parece zona de guerra.

2. – Otras de las causas, son las condiciones particulares del terreno. Los especialistas señalan que la composición del suelo desempeñó un rol crucial: mientras que algunas zonas turísticas poseen bases de roca intermedia, amplias extensiones están asentadas sobre cuencas profundas y sedimentos blandos arrastrados por antiguos deslaves fluviales. Estos terrenos no consolidados actuaron como un filtro natural que magnificó la fuerza de las ondas sísmicas, desestabilizando los cimientos de múltiples estructuras.

3. – El análisis también apunta hacia la calidad de las edificaciones y el posible incumplimiento de las normativas de construcción sismo-resistente vigentes en el país. Tras los deslaves ocurridos en la región a finales del siglo pasado, muchas viviendas e inmuebles fueron levantados o modificados sin una fiscalización clara sobre sus permisos de habitabilidad o la pertinencia de sus estudios de suelo.
También se ha reportado el hallazgo de materiales deficientes en los inmuebles colapsados, tales como columnas desprovistas de refuerzos de acero y vigas fabricadas con componentes ligeros recubiertos apenas por capas delgadas de hormigón. Las investigaciones venideras determinarán el nivel de negligencia en el sector inmobiliario ante este desastre.


Estimaciones más allá del oficialismo
Cabe decir que hasta el momento, las cifras gubernamentales señalan que más de 800 edificios resultaron dañados en todo el país, la mayoría en La Guaira, sin embargo, informes independientes, como el del Instituto de Investigación de Sistemas Ambientales (ESRI, por sus siglas en inglés), prevén más de 900.
La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), realizó una estimación preliminar de los daños previstos en todo el país sudamericano, situándolas en alrededor de 59 mil, sin incluir verificaciones en el terreno.
