En un mundo donde la vida urbana nos mantiene bajo techos de oficinas y escuelas, la “vitamina del sol” se ha convertido en una carencia global. La vitamina D, técnicamente una prohormona, es esencial para que el cuerpo asimile y fije el calcio. Sin ella, los huesos se debilitan, el sistema inmune se descontrola y el riesgo de fracturas aumenta drásticamente.
El Dr. Felipe Vadillo Ortega, académico de la Facultad de Medicina en el Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN), advierte que en los últimos años se ha descubierto que esta vitamina no solo construye huesos fuertes, sino que también actúa como un regulador crítico del sistema inmunológico, evitando respuestas inflamatorias exageradas.
El sol y la síntesis de la vitamina D
A diferencia de otros nutrientes, el cuerpo humano está diseñado para producir su propia vitamina D. Al absorber la radiación ultravioleta B (UVB), la piel transforma un derivado del colesterol en previtamina D3, que luego se convierte en colecalciferol o vitamina D activa.
Sin embargo, el Dr. Vadillo señala un desafío moderno: “Debido a que mucha gente permanece encerrada durante gran parte del día en su casa, la escuela o la oficina, produce poca vitamina D de manera natural”. Este déficit obliga a recurrir a fuentes dietéticas y suplementación.

¿Qué debemos comer rico en vitamina D?
Si la exposición solar es insuficiente, es vital integrar alimentos con alta proporción de este nutriente. Las mejores fuentes incluyen:
- Pescados grasos: Atún, salmón, sardina y arenque.
- Lácteos: Leche, queso, yogurt y mantequilla (muchas marcas vienen adicionadas).
- Otros: Yema de huevo y champiñones.

La realidad en México: Resultados de la Ensanut
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) Continua 2022 reveló cifras preocupantes: más de un tercio de la población adulta mexicana presenta deficiencia de vitamina D, con niveles inferiores a los 20 nanogramos por mililitro (ng/ml) de sangre. Aunque el Dr. Vadillo sugiere que la población mexicana podría aprovechar mejor esta vitamina que otra comunidad, el valor clínico de esta deficiencia no debe subestimarse, especialmente en grupos de riesgo.
Impacto por etapas de vida
El riesgo en niños: Raquitismo
En la etapa de crecimiento (0 a 12 años), la vitamina D es innegociable. Su ausencia impide que los huesos se formen normalmente, pudiendo derivar en raquitismo. Esta enfermedad causa reblandecimiento y deformidades óseas que pueden ser incapacitantes y acompañar al individuo durante toda su vida.
Adultos y el peligro de la osteoporosis
A partir de los 50 años, la deficiencia facilita el desarrollo de osteoporosis. En condiciones de fragilidad ósea, una simple caída o incluso un esfuerzo leve (fractura patológica) puede romper la cadera, el fémur o la muñeca.
Mujeres y menopausia
Las mujeres en etapa de menopausia son el grupo más vulnerable. La disminución de estrógenos acelera la pérdida de masa ósea; si a esto se suma un déficit de vitamina D, el riesgo de fracturas se multiplica. Asimismo, las mujeres embarazadas y en lactancia requieren atención especial, ya que destinan gran parte de su calcio al desarrollo del bebé.
Vitamina D y enfermedades autoinmunes
Más allá de los huesos, la deficiencia de esta prohormona se ha vinculado con el agravamiento de enfermedades autoinmunes como el lupus. El Dr. Vadillo explica que parte del tratamiento moderno para estos pacientes incluye la suplementación con vitamina D para ayudar al sistema inmunitario a regularse adecuadamente.
Más que una vitamina, un escudo para la salud
Asegurar un aporte suficiente de vitamina D y calcio es fundamental en todas las etapas de la vida. Instituciones como la Mayo Clinic y los NIH de EE. UU. subrayan que este nutriente también interviene en el funcionamiento de los nervios y los músculos, ayudando a mantener el equilibrio y reducir el riesgo de caídas en ancianos. No descuides tus niveles; una breve caminata bajo el sol y una dieta balanceada pueden ser la diferencia entre una vejez activa y una marcada por la fragilidad.

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