El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció mediante un comunicado oficial, a través de sus redes sociales, que las fuerzas militares de su país abatieron a Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, máximo líder y fundador de la organización criminal transnacional conocida como el Tren de Aragua. De acuerdo con las declaraciones del mandatario, el golpe táctico fue ejecutado por elementos del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM), quienes llevaron a cabo una incursión aérea descrita como una acción operativa fulminante y letal.
El mandatario precisó que la ofensiva militar tuvo lugar en territorio venezolano. Para respaldar el anuncio, se difundió un fragmento audiovisual de corta duración captado por sensores aéreos, en el cual se observa el instante preciso en que un proyectil impacta una edificación rodeada de zonas arboladas, provocando una densa columna de humo. Enfatizó que la intervención responde a los compromisos asumidos para neutralizar a las cúpulas de las agrupaciones delictivas internacionales.

Justificación de la ofensiva y nexos diplomáticos
Durante su pronunciamiento, Trump argumentó que la eliminación del líder criminal representa un acto de justicia para los ciudadanos estadounidenses que fueron víctimas de delitos violentos atribuidos a células operativas de esta banda. Asimismo, recordó que su administración catalogó formalmente al Tren de Aragua como una Organización Terrorista Extranjera, intensificando los procesos de deportación y la persecución de sus integrantes financieros y operativos en suelo estadounidense.
Por otra parte, puntualizó que el ataque aéreo se concretó mediante una estrecha colaboración y coordinación estratégica con los canales institucionales de Venezuela. Según lo expuesto por la Casa Blanca, la relación bilateral entre ambas naciones ha experimentado un cambio significativo tras los acontecimientos políticos de inicios de año -captura de Nicolás Maduro-, lo que facilitó el intercambio de información de inteligencia militar para privar a la organización criminal de cualquier tipo de refugio o base de operaciones en la región.
Megabanda transnacional
“Niño Guerrero” lideraba una estructura delictiva que nació en la década pasada dentro del centro penitenciario de Tocorón y que, paulatinamente, expandió su área de influencia a múltiples naciones de América del Sur, incluyendo a Perú, Chile, Colombia y Ecuador. La organización consolidó un modelo de gobernanza criminal paralelo, acumulando millones de dólares mediante actividades de alta violencia como el tráfico de estupefacientes, la extorsión a comercios, los secuestros extorsivos y las redes transfronterizas de trata de personas.

La desaparición del delincuente ocurre en un momento en que las agencias federales, incluyendo el FBI, mantenían vigente una recompensa internacional de cinco millones de dólares por datos que permitieran su captura. El gobierno estadounidense advirtió que mantendrá los despliegues de inteligencia para desarticular por completo los remanentes de la organización en todo el hemisferio occidental.
