El panorama político y económico de Sudamérica registra un giro radical tras la intervención militar de enero. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este viernes su intención de viajar a territorio venezolano en una fecha aún por definir.
Dicho anuncio de Trump ocurre en un contexto de reorganización institucional en Caracas, donde la administración estadounidense ya ejerce una influencia directa sobre la industria de hidrocarburos.
Reconocimiento a la presidencia encargada
Desde la Casa Blanca, antes de partir hacia una base militar en Carolina del Norte, el mandatario estadounidense validó la legitimidad de Delcy Rodríguez al frente del ejecutivo venezolano. Al ser cuestionado sobre si reconoce a Rodríguez como la líder legítima, Donald Trump fue tajante:
“Ya lo estamos haciendo”.
El titular del Ejecutivo estadounidense calificó la labor de Rodríguez como “un gran trabajo” y aseguró que la relación bilateral es “tan buenas como uno podría desear”.

Antes de su viaje para reunirse con las tropas que participaron en la captura de Maduro, Donald Trump reiteró su compromiso con el nuevo orden en Caracas:
“Visitaré Venezuela. […] No lo hemos decidido [la fecha]”.
Cabe recordar que este acercamiento se produce semanas después de la operación militar del 3 de enero, la cual resultó en la captura de Nicolás Maduro —actualmente bajo proceso judicial en Nueva York— y representa la acción de fuerza más significativa en la región desde finales de la década de los ochenta.

Reapertura petrolera y fin de las sanciones
En paralelo al anuncio diplomático, el gobierno de Donald Trump oficializó dos licencias generales que eliminan las restricciones para que multinacionales operen en el sector energético venezolano.
La medida beneficia directamente a cinco gigantes de la industria: la estadounidense Chevron, la italiana Eni, la española Repsol y las británicas BP y Shell.
La autorización es amplia y permite tanto el mantenimiento de contratos vigentes como la ejecución de nuevas inversiones en petróleo y gas.
Según las disposiciones de Washington, el control de las exportaciones de crudo queda bajo supervisión directa de Estados Unidos, tras el fin del bloqueo a los “buques fantasma” y la implementación de una nueva Ley de Hidrocarburos por parte del gobierno de transición.
La mediación de Marco Rubio
La reestructuración del sector energético fue supervisada de manera directa por el secretario de Estado, Marco Rubio. Bajo su gestión, el nuevo gobierno de Delcy Rodríguez aceptó reformas que facilitan la inversión extranjera, la compra de equipamiento y la negociación con puertos y aeropuertos locales.
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