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Incendios forestales en Durango: Reportan más de 70 mil hectáreas devastadas en la sierra

La temporada de estiaje ha golpeado con una fuerza inusual al norte del país. Los incendios forestales en Durango durante el ciclo 2024 cerraron con cifras alarmantes, superando las 72 mil hectáreas afectadas en diversos municipios serranos.

Este fenómeno, impulsado por sequías prolongadas y condiciones climáticas extremas, ha puesto en jaque a las brigadas de protección civil y a las autoridades ambientales, quienes han tenido que combatir siniestros incluso en meses donde tradicionalmente la actividad de fuego es baja, como noviembre y diciembre.

Zonas críticas y el impacto ambiental en la región boscosa

La Secretaría de Recursos Naturales y Medio Ambiente (SRNMA) de Durango, detalló que la mayor parte de los daños se concentraron en áreas de alta biodiversidad. Los municipios más castigados por las llamas fueron El Mezquital, Pueblo Nuevo, San Dimas y la capital del estado. Según los informes técnicos de dicho organismo, el 95% de la superficie quemada corresponde a ecosistemas de rápida combustión, lo que facilitó la propagación del fuego.

El cierre del año 2024 fue calificado como atípico debido a la persistencia de los focos de calor. Las autoridades señalaron que factores como el cambio climático y la acumulación de material combustible seco en el suelo forestal fueron los principales detonantes.

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A pesar de los esfuerzos de los combatientes, Durango se posicionó como una de las entidades con mayor superficie afectada a nivel nacional, compartiendo esta estadística crítica con estados como Guerrero y Chiapas. La vulnerabilidad de los bosques duranguenses ha quedado de manifiesto, exigiendo una revisión profunda de las estrategias de prevención.

Estrategias de combate y esfuerzos de recuperación

Para enfrentar esta emergencia, se aplicaron labores de combate directo, brechas cortafuego y vigilancia aérea. No obstante, la magnitud de la tragedia ambiental resalta la necesidad de modernizar las herramientas de respuesta. En comparación con estados vecinos como Coahuila, donde el uso de tecnología de monitoreo satelital y drones permitió mantener las afectaciones por debajo de las 2 mil hectáreas, Durango enfrenta el reto de transitar hacia un modelo preventivo más robusto y tecnológico para las próximas temporadas.

El impacto no se limita únicamente a la pérdida de flora; la fauna local también ha visto desplazados sus hábitats naturales, y el ciclo hidrológico de la región se ve amenazado por la pérdida de cobertura vegetal. La SRNMA ha instado a la población a evitar prácticas de riesgo, como las quemas agrícolas no controladas, que siguen siendo una de las causas humanas más recurrentes detrás de estos desastres.

La restauración de las más de 72 mil hectáreas será un proceso largo que requerirá de inversión federal y estatal coordinada para devolverle la vitalidad a la sierra de Durango.