En redes sociales, dos reporteros con distintas y contrastadas visiones del periodismo, manifestaron coincidentemente la inequidad que acontece desde hace varias semanas, meses, en las Conferencias del Pueblo, el foro de comunicación y diálogo abierto que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo todos los días desde Palacio Nacional.
Los periodistas acreditados, Dalila Escobar y Carlos Pozos, dos figuras reconocidas del gremio informativo, cuestionaron directamente la eficiencia y preferencias evidentes para los “aspirantes a propagandistas y afines” al discurso oficialista, algo que cada vez más se normaliza.
¿Modelo desgastado, sesgo o imposición de formato?
Y es que, a diferencia de su predecesor, quien disfrutaba y aprovechaba el show mediático, a la mandataria se le nota incómoda con ciertos cuestionamientos e incluso reporteros a quienes cede la palabra, lo hace más a fuerza que con ganas para mostrar al pueblo la supuesta “libertad de expresión”.
La labor de los reporteros en las conferencias es “para preguntas de la prensa, no un mitin para que asistentes expongan su preferencia partidista o que planteen temas que necesita el gobierno para distraer o para manipular la agenda pública”, acusó Escobar. “Actualmente, la dinámica ya no depende de un sorteo, una tómbola o simplemente de quién llega más temprano”, afirmó Pozos.
Y es que para quienes seguimos las mañaneras a través de sus canales oficiales, ha sido evidente el sesgo y la disminución de los representantes de los medios de comunicación lo que ha provocado filas de asientos vacíos, pese a que los camarógrafos realizan tomas televisivas más cerradas para “tapar” lo evidente, lo cual contrasta con el modelo de gestión de Andrés Manuel López Obrador, donde casi cualquier hijo de vecino preguntaba con y sin sentido.

“Todos sabemos que si la presidenta quiere darte la palabra aunque estés en la última fila, lo hará y podrá negártelo aunque estés en la primera (…) la torpeza que cada vez es más acentuada y evidente en su logística de comunicación que yo creo que piensan que le hacen un bien o porque así reciben las instrucciones”.
No hay que olvidar que se trata de un formato heredado, casi impuesto por el expresidente, quien en julio de 2024 “sugirió” a su entonces sucesora “mantener un modelo de comunicación similar a las conferencias matutinas para continuar en contacto directo con la población”, un modelo endosado de manera pública, del cual no hubo más que aceptarlo para no llevar la contra o mostrar públicamente la intolerancia a las cámaras y a los cuestionamientos frecuentes.
Descontento y respuestas evasivas
El descontento se acentúa en torno a la profundidad y evasión en las respuestas de temas coyunturales de alto impacto, tales como la seguridad pública, la adquisición de insumos del sector salud, la fiscalización presupuestal, la corrupción o los escándalos en torno a los actores políticos afines. Si bien la mandataria mantiene una agenda diaria de comunicación, sus respuestas tienden a minimizar los señalamientos periodísticos o a descalificar las investigaciones sustentadas en fuentes independientes y hasta oficiales: un secuestro y control de la narrativa.
Para diversos profesionales de la información, el señalamiento sistemático hacia posturas críticas desgasta la relación entre el poder público y la prensa, desviando el debate técnico hacia confrontaciones de carácter ideológico, lo cual desgasta el formato y cansa.
“En la Mañanera del Pueblo hay una regla básica que nosotros respetamos: es la presidenta Claudia Sheinbaum quien conduce la conferencia y decide a quién concede el uso de la voz (…) convertir cada ocasión en que no se recibe el micrófono en una acusación de favoritismo tampoco demuestra que exista uno”.

Como era de esperar, hubo reacciones a favor y en contra de sus opiniones.