El periodista y escritor mexicano Jorge Zepeda Patterson publicó, en su columna del martes 24 de febrero, un estudio anatómico breve de la cobertura sobre las muchas muertes de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho; es decir, cómo fue abordada desde distintas perspectivas, siempre salpicadas, principalmente, por la ideología política, la caída del criminal michoacano.
En este sentido, el periodista Arthur Debruyne (Bélgica, 1986) autor del libro El narco mexicano en Europa (Aguilar), conversó con este medio acerca de este texto, así como de la muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), organización hoy aparentemente acéfala.
“La muerte de El Mencho es simbólicamente significativa, pero estructuralmente insuficiente para cambiar el problema de fondo de la seguridad de México: la inseguridad”, espetó el corresponsal del rotativo neerlandés Het Financieele Dagblad. “Porque el modelo del cártel sobrevive al líder”.
Recuerda que el CJNG “se ha construido, como sabemos, como una estructura descentralizada con comandantes regionales más o menos autónomos“, por lo que “la eliminación de El Mencho no desactiva la organización, igual que la captura de El Chapo no destruyó el Cártel de Sinaloa”.
Por otro lado, apunta que “la guerra de sucesión puede ser más peligrosa que el statu quo“, y explica al respecto:
Sin un líder claro —su hijo, El Menchito, está preso en Estados Unidos—, varios comandantes de alto rango podrían competir por el control del negocio, lo que históricamente genera oleadas de violencia interna y territorial mucho más caóticas. Y la historia reciente no invita al optimismo, porque tras la captura de El Chapo en el 2016, México vivió uno de sus periodos más violentos.
Kingpin strategy
Recuerda, sobre ese otro episodio violento tras la captura de Joaquín Guzmán Loera, que la Kingpin Strategy, enfocada en la captura o eliminación de cabecillas para desmantelar grupos criminales, “ha demostrado reiteradamente que no reduce la violencia estructural y el negocio del narco no desaparece mientras existe la demanda“, y asevera:
Mientras Estados Unidos siga siendo el principal mercado de consumo de drogas, cualquier vacío de poder simplemente será llenado por otra organización criminal. Y también hay que señalar que el flujo de armas desde Estados Unidos hacia México sigue como siempre.
Y también siguen ahí las causas profundas. Permanecen intactas. La corrupción institucional, la impunidad judicial, sobre todo la enorme impunidad en México, sigue siendo para mí el factor principal del problema de inseguridad en México. También la pobreza, la falta de oportunidades económicas en regiones enteras, siguen siendo un caldo de cultivo que hace posible el reclutamiento y la operación de los grupos criminales, concluyó.
Expresó, respecto a estos apuntes sobre dicha estrategia de seguridad, aplicada principalmente en el país, que “de hecho, a veces genera más violencia e inestabilidad“, así como que es muy seguro que el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, sepan lo que implica. “Supongo que decidieron que sería erróneo (pensar) que tienes que dejar a una figura como El Mencho siga operando”, expone.
El narco mexicano en Europa
El corresponsal belga vivió en México por muchos años, hasta que hace no más de tres años se mudó a Argentina. Recuerda que El narco mexicano en Europa tuvo su origen cuando aún vivía en territorio mexicano, cuando le llegaron noticias de laboratorios descubiertos en Países Bajos y Bélgica, espacios que describe como “laboratorios de algo novedoso para esas tierras, laboratorios de cristal, y además hay mexicanos trabajando como cocineros, los que producen la droga”.
Fue en 2019, precisa luego. “Me pongo a investigar, llamo con, por ejemplo, los abogados de esos detenidos mexicanos y resultan ser sobre todo de Sinaloa, y eso causa cierta preocupación en los medios allá, en la opinión pública sobre, bueno, obviamente, la llegada tal vez de cárteles de México”, explica.
Recuerda que para 2020 cayeron varios de esos mexicanos que se encontraban allá, “casi es un laboratorio tras otro, sobre todo en pueblitos chiquitos, siempre en grandas, en bodegas, que hay laboratorios de cristal”, abunda, y al tiempo cuenta el punto clave de la investigación: el contacto con los detenidos.
“Entro en contacto con ellos, los voy a visitar en la cárcel; incluso los entrevisté después de su regreso a México”, narra. “Voy desentramando esta historia: ¿por qué se fueron allá? Y resulta que es así”, continúa:
En Bélgica y Países Bajos desde (hace) décadas se producen drogas sintéticas tipo éxtasis o también conocido como el MDMA, pero no habían descifrado cómo producir cristal de una forma que valiera la pena, una forma redituable. Y en algún momento hay unos narcos holandeses, personas que se dedican a la producción de drogas sintéticas allá, que entran en contacto con mexicanos.
“Y así empieza esta colaboración”, da cuenta. “Los mexicanos aportan el conocimiento necesario para producir cristal, que bien sabemos que bien sabemos que en México se produce cristal también desde muchos años para el mercado de Estados Unidos. Y los holandeses aportan todo lo demás: las ubicaciones, los laboratorios, el material, los químicos necesarios, los precursores para todo”.

¿Violencia?
El tema de la violencia es casi inherente al narcotráfico y el crimen organizado, al menos en México. Debruyne destaca que, en ese orden, en Bélgica y Países Bajos veían con malos ojos que llegara la llamada narcoviolencia, pero, él mismo precisa: “nunca pasó nada del estilo”.
¿Sabes por qué? Porque, por ejemplo, a esos mexicanos cocineros, y documenté al final unos 30 detenidos, tal vez hubo más que escaparon a las autoridades, pero hubo unas 30 detenciones en Bélgica de Países Bajos, nunca se les halló ni una arma, continua.
Por ello, piensa que “los mexicanos cocineros cumplieron una función o siempre tuvieron un papel subordinado a los narcos holandeses. Siempre fueron ellos, los holandeses, dueños del negocio. Entonces, los mexicanos producían las drogas, pero se les pagaba, digamos, por producción, para estar en un laboratorio dos, tres semanas, y ya los que se quedaban con las drogas y por ende las ganancias, siempre fueron los narcos holandeses”.
Pese a la ausencia de violencia, señala que la alianza entre neerlandeses y mexicanos, se descubre una cantidad importante de laboratorios de cristal, de los cuales antes solo en Países Bajos se hallaban unos 40 o 50, pero de anfetamina, speed, que “eran como las dos grandes drogas que se producían allá”.
Si se puede hablar de organizaciones criminales, son muy chiquitas, son individuos a veces trabajando con gente de confianza por la duración de un laboratorio, es como una red todo de mucha gente independiente que colaboran cuando es necesario, pero después se separan y las organizaciones criminales allá son como muy chiquitas y nunca hubo, o sea, nunca hubo cuestión de una organización criminal realmente que llegó de México, reflexiona.
Consideraciones
Finalmente, Arthur Debruyne, que también ha cubierto crisis políticas y de otras índoles en países de Centroamérica y América Latina, reflexiona:
Si tú ves a México, México tiene al lado el mercado de drogas más grande del mundo, esa enorme demanda, y pues aquí de este lado de la frontera, siempre va a haber gente dispuesta a satisfacer esa demanda, a pesar de amenazas de (Donald) Trump, de invasión, o de que ahora están atacando a esas supuestas narcolanchas en el Pacífico y el Caribe. A pesar de todo eso, siguen saliendo las lanchas y sigue saliendo la cocaína de América del Sur y el fentanilo de México. Entonces, que es muy, muy difícil le parar todo eso.