El furor global por el Mundial 2026 ha encontrado a una celebridad inesperada en las calles de la Ciudad de México: el pato “Merlín”. Con apenas dos años de edad, saltó a la fama internacional tras ser captado utilizando una playera de la Selección Mexicana mientras acompaña a su dueña, Carla Gómez, a vender bebidas en las inmediaciones de la Alameda Central y el Palacio de Bellas Artes.
El ave se ha consolidado como la mascota NO oficial de la afición, su desbordante popularidad en redes sociales ha encendido las alarmas de la comunidad animalista y de las autoridades ambientales, quienes advierten sobre un preocupante fenómeno: la compra compulsiva de patos por mera moda y su consecuente abandono masivo tras la culminación del torneo futbolístico.

Adquirir un animal por impulso
La Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre Pachuca recurrió a sus plataformas oficiales para emitir una postura contundente frente al fenómeno mediático. El organismo enfatizó que el principal impacto negativo de que un animal se vuelva viral radica en que las personas adquieren especies no convencionales sin comprender sus cuidados básicos. Las autoridades señalaron firmemente que los patos no son juguetes, regalos de temporada ni objetos desechables que puedan ser descartados cuando crecen o cuando sus necesidades biológicas cambian.
El abandono de aves domésticas en parques, lagos o reservas urbanas no garantiza su supervivencia. Expertos recuerdan que los animales criados en cautiverio carecen de las habilidades necesarias para adaptarse y sobrevivir en entornos silvestres, enfrentándose a una muerte casi segura por depredación, desnutrición o enfermedades.
Cuidados complejos y una responsabilidad de una década
La creadora de contenido Mariam Leal, conocida por documentar la vida de su pato “Gansito”, se sumó al llamado de atención para concientizar a los futuros compradores. Puntualizó que un pato doméstico demanda un compromiso a largo plazo, ya que poseen una esperanza de vida que alcanza hasta los 10 años si reciben una óptima calidad de vida.

Estas aves son seres profundamente sociales que requieren habitar en grupos, además de necesitar espacios considerablemente amplios y acceso constante a agua limpia para su higiene y esparcimiento. A esto se le suman los elevados costos de una alimentación equilibrada y la marcada dificultad para encontrar médicos veterinarios especializados en fauna silvestre. El incremento en los gastos de consultas especializadas, estudios clínicos y tratamientos específicos suele ser el detonante principal para que los dueños primerizos opten por el abandono.
