La tensión geopolítica en el Medio Oriente ha alcanzado un punto crítico cuando el Ejército de Irán anunció este miércoles el cierre absoluto del estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más importantes del planeta para el comercio de energéticos. El gobierno de Teherán advirtió de manera contundente que disparará contra cualquier embarcación que intente cruzar por este paso en disputa, lo que ha encendido las alarmas en los mercados globales debido a las inminentes consecuencias en las cadenas de suministro.
La drástica medida es una respuesta directa a una nueva serie de ofensivas militares perpetradas por Estados Unidos. Horas antes del anuncio, el Comando Central estadounidense (CENTCOM) confirmó el inicio de ataques de “autodefensa” dirigidos a múltiples objetivos e infraestructura estratégica dentro de territorio iraní. De acuerdo con la Casa Blanca, estos bombardeos fueron autorizados tras acusar a Teherán de derribar un helicóptero militar AH-64 Apache en aguas regionales a principios de esta semana, un incidente en el que sus dos tripulantes lograron sobrevivir.
El estrecho del mercado energético
La clausura de este corredor marítimo representa una amenaza sin precedentes para la estabilidad económica global. Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 25 por ciento del petróleo consumido a nivel mundial. Analistas internacionales prevén que un bloqueo prolongado desate una escalada descontrolada en los precios del crudo y agrave la crisis de transporte de mercancías que ya se resiente en varios continentes.
Por el lugar transitan diariamente un promedio de 20 millones de barriles de crudo y derivados del petróleo, una cifra que representa una cuarta parte de todo el comercio de hidrocarburos que se mueve por vía marítima en el planeta. A esto se suma el flujo de gas natural licuado, del cual aproximadamente una quinta parte de la oferta mundial -proveniente en su mayoría de Qatar- cruza por este canal.
Mientras los medios locales iraníes reportan fuertes explosiones en la costa sur del país, la comunidad internacional observa con profunda preocupación el desarrollo de los acontecimientos. La volatilidad de la región, sumada al intercambio previo de agresiones entre Irán e Israel, coloca al mundo ante el riesgo inminente de un conflicto a gran escala con repercusiones financieras y diplomáticas difíciles de calcular en el corto plazo.

