La situación energética en Cuba ha alcanzado un punto crítico tras registrarse este sábado 21 de marzo un segundo colapso total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) en menos de una semana. La desconexión ocurrió pasadas las 18:00 horas, dejando a millones de ciudadanos sin suministro eléctrico de manera simultánea. Este nuevo incidente subraya la fragilidad de una infraestructura energética que se encuentra al borde del colapso técnico y financiero, afectando todas las esferas de la vida cotidiana en la isla caribeña.
El Ministerio de Energía y Minas confirmó a través de sus canales oficiales que se activaron de inmediato los protocolos para el restablecimiento paulatino del servicio. Sin embargo, las autoridades han advertido que el proceso de “energización” es extremadamente complejo. El director general de Electricidad del Minem, Lázaro Guerra, ha explicado anteriormente que arrancar las centrales termoeléctricas sin fuentes de energía de rápido encendido es un desafío técnico monumental, especialmente cuando el sistema carece de la estabilidad necesaria para soportar la carga inicial.

Causas estructurales y el impacto del bloqueo petrolero
El gobierno cubano ha señalado que la raíz de estos fallos masivos reside en la falta de combustible y el deterioro de las plantas generadoras, muchas de las cuales han superado con creces su vida útil. A esto se suma el endurecimiento de las restricciones externas. Según fuentes oficiales y reportes de la estatal Unión Eléctrica (UNE), el cerco petrolero impuesto por Estados Unidos ha dificultado enormemente la llegada de buques de carga con diésel y fuel oil, insumos indispensables para alimentar tanto las centrales termoeléctricas como los grupos electrógenos de emergencia.
La carestía de divisas también impide realizar las inversiones necesarias para el mantenimiento preventivo de las calderas y turbinas, lo que genera un ciclo de averías constantes. En La Habana, los cortes programados ya alcanzaban las 15 horas diarias antes de este colapso total, mientras que en las provincias del interior la situación es aún más desesperada, con localidades que han pasado días enteros sin luz. La población enfrenta dificultades extremas para la cocción de alimentos, el almacenamiento de comida y la realización de actividades básicas.
El intento de transición hacia energías limpias
Ante la incapacidad de mantener el sistema convencional, la administración de Miguel Díaz-Canel ha intensificado los planes para transformar la matriz energética del país. En el último mes y medio, el gobierno ha acelerado la entrega de módulos solares fotovoltaicos a instituciones y particulares, buscando descentralizar la generación de energía. No obstante, expertos independientes señalan que estas medidas son insuficientes a corto plazo para cubrir la demanda nacional, que sigue dependiendo en más de un 90% de los combustibles fósiles.

Mientras el país intenta recuperarse de este nuevo “cero eléctrico”, la incertidumbre crece entre la ciudadanía. El impacto económico es incalculable, con industrias paralizadas y servicios de salud operando bajo condiciones de emergencia. La comunidad internacional observa con preocupación cómo la crisis energética en Cuba se transforma rápidamente en una crisis humanitaria de amplias proporciones, sin que se vislumbre una solución definitiva a la escasez de combustible que alimenta el corazón del sistema eléctrico nacional.
