En un evento que subraya las crecientes tensiones y fallos en los protocolos de seguridad nacional, las fuerzas armadas de Estados Unidos utilizaron el pasado jueves un sistema de láser de alta tecnología para derribar una aeronave no tripulada en la zona fronteriza de Texas. Sin embargo, lo que inicialmente se trató como una respuesta ante una posible amenaza resultó ser un grave error de identificación: el dron pertenecía a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de ese mismo país.
El incidente en Fort Hancock y la respuesta de la FAA
El derribo tuvo lugar en las inmediaciones de Fort Hancock, una localidad situada al sureste de El Paso, Texas. Tras el uso del arma láser para neutralizar el dispositivo, la Administración Federal de Aviación (FAA) actuó de manera inmediata ordenando el cierre del espacio aéreo en la zona para garantizar la seguridad de otras operaciones.
A diferencia de un incidente similar ocurrido hace apenas dos semanas, donde el uso de un láser antidrones obligó al cierre total del aeropuerto de El Paso afectando el tráfico civil, en esta ocasión la FAA informó que los vuelos comerciales no resultaron afectados directamente por las restricciones en Fort Hancock. No obstante, la agencia federal decidió ampliar el perímetro de cierre durante la noche del jueves mientras se evaluaba la situación.

Reacción del Congreso: Acusaciones de “incompetencia”
La noticia del derribo por “fuego amigo” llegó rápidamente a los pasillos del Capitolio, donde miembros de la Comisión de Transporte e Infraestructura de la Cámara de Representantes expresaron su profunda indignación. El representante demócrata Rick Larsen, junto con otros líderes de su bancada, confirmó haber recibido la notificación del suceso a través de canales oficiales.

Larsen fue particularmente crítico con la gestión de la Casa Blanca y el Departamento de Defensa, señalando que este error es una consecuencia directa de haber ignorado las advertencias legislativas previas. Según el congresista, existía un proyecto de ley bipartidista diseñado específicamente para capacitar a los operadores de sistemas C-UAS (tecnología para contrarrestar aeronaves no tripuladas) y establecer protocolos claros de coordinación entre el Pentágono, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la FAA.
“Hace meses dijimos que la decisión de la Casa Blanca de eludir este proyecto de ley… fue una idea miope. Ahora estamos viendo el resultado de su incompetencia“, sentenció Larsen en un comunicado oficial. El legislador enfatizó que el uso de sistemas de “alto riesgo” para derribar drones requiere una sincronización perfecta entre agencias que, a la luz de los hechos, no existe actualmente.
Un historial de confusión aérea en la frontera
Este no es un hecho aislado. La región de El Paso ha sido escenario de “confusión aérea” en tiempos recientes. El antecedente más cercano es la orden de cierre del aeropuerto de El Paso hace 15 días tras detectarse el uso de láseres contra drones, lo que ya había puesto en alerta a las autoridades sobre los riesgos de operar estas tecnologías en espacios compartidos con la aviación civil y otras agencias gubernamentales.
El uso de láseres para el derribo de aeronaves representa una de las tecnologías más avanzadas del arsenal de defensa estadounidense, pero su despliegue en territorio nacional, especialmente en zonas de alto tráfico de vigilancia como la frontera con México, ha generado dudas sobre los mecanismos de identificación de “amigo o enemigo”.

Silencio oficial y preguntas sin responder
Hasta el cierre de los informes iniciales, tanto el Departamento de Defensa como la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza han evitado emitir comentarios detallados sobre el incidente o las razones por las cuales el dron de la Patrulla Fronteriza no fue identificado correctamente antes de ser destruido.
La falta de respuesta por parte de las agencias involucradas solo ha alimentado las exigencias de transparencia por parte del Congreso, que busca entender por qué se están utilizando sistemas de combate de alta peligrosidad contra equipos propios de vigilancia fronteriza. Mientras tanto, la FAA mantiene el monitoreo del área y las restricciones de vuelo en Fort Hancock hasta que se garantice que no habrá nuevos incidentes de esta naturaleza.

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