Son las 5 de la mañana, sonó el despertador y mi primer pensamiento es: “10 minutos más”, pero no, esos minutos pueden significar un retraso para empezar a pensar qué hacer de comer – o un pensamiento antes-, ¿qué preparar para el desayuno y qué para el lunch? ¡Ahorita vemos! Primero hay que revisar si los niños ya se despertaron, ojalá que no sea uno de esos días en los que al igual que a mí, les pese demasiado el cansancio y la flojera para salir de casa.
Parece que no, (es un día bueno, sin enojos) ya empezaron a cambiarse y entonces prendo la luz, ¿qué me pondré? Algo práctico para salir cómoda.
Tengo que meterme a bañar -tengo 8 minutos- me visto y entonces sí: preparo los licuados (es lo único nutritivo y fácil que se comen a las 6 de la mañana), pienso en un lunch rápido, nutritivo: rollos de jamón, sándwich, manzana y un yoghurt y agua para cada uno.
Ahora, ¿ya se lavaron los dientes? ¿ya se peinaron? ¡No se peleen! ¡Apúrense!… me apuro también porque me falta pensar qué llevarme para comer en la oficina y qué para desayunar y no morirme de hambre. Ah y ¿qué van a comer? Hago picadillo que les gusta.
Solucionado, están listos, que no olviden las mochilas, las loncheras, la cartulina y sus aguas. Lo logramos, salimos de casa y ahora sí puedo escuchar las noticias para presentar mis propuestas en el trabajo, porque elegí ser periodista, así como ser mamá. Apenas son las 7 de la mañana.”
Así empezó mi día, más o menos como empiezan desde hace 13 años, y como comienzan -de manera similar- los días de muchas de las 39 millones de mujeres que son madres en México, pero que a diferencia de mí, en muchos casos, no pudieron decidirlo.

Históricamente, la maternidad ha tenido una contribución social, económica y política en el mundo. Tan solo en México, se estima que las mujeres con hijos dedican 20.5 horas semanales a labores del hogar, lo que equivale a más de 880 pesos diarios, con base en el salario mínimo vigente.
Tomando en cuenta esta cifra, las mamás generan más de 3,500 pesos al mes de ganancia productiva, solamente en labores del hogar, sin tomar en cuenta cuidados y actividades de crianza, los cuales hasta el momento, nadie cubre.

Esto no es radicalmente diferente en países de otros continentes, donde cerca del 80% de las mujeres en la Unión Europea dedican una parte sustancial de su semana a dichas labores.
De acuerdo con el estudio Desigualdades de género en el trabajo remunerado y el no remunerado, hecho por el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”, en España, las mujeres dedican 15 horas más a la semana, que los hombres a las tareas del hogar y el cuidado de sus hijos e hijas.
Evidentemente la carga que tienen las mamás, no se puede resumir en las labores que realizan durante la mañana, porque falta el resto del día en el que tienen que combinar sus responsabilidades a nivel profesional y personal, con los cuidados de los hijos, que si bien pueden resolver a distancia y con la participación de los padres, la mayoría de las veces terminan resolviéndolos solas.
Aquí es donde se abren los cuestionamientos que el feminismo ha impulsado sobre la maternidad: ¿Por qué la crianza de los hijos sigue siendo desigual y las responsabilidades no son repartidas equitativamente entre mamás y papás?
Como menciona Esther Vivas en su libro “Mamá Desobediente”:
…los nuevos feminismos han sacado del armario una serie de temas incómodos, y la maternidad es uno de ellos… El ideal materno que oscila entre la madre sacrificada, el servicio de la familia y la superwoman, capaz de compaginar trabajo y crianza y de cumplir con todo poco a poco”, se está rompiendo y está dejando de ser un ideal femenino.
Perspectivas feministas sobre la maternidad
El feminismo es un movimiento social, político y filosófico que adopta diferentes formas en el camino hacia la igualdad de género. La igualdad es uno de sus ejes principales, pues contrariamente a lo que algunos creen, no persigue sobrepasar los derechos masculinos, sino igualarlos.

El feminismo reconoce que la experiencia de desigualdad se cruza con otros factores como la clase social, la raza y el origen étnico, factores que también son decisivos para muchas mujeres, cuando tienen hijos.
El feminismo ha hecho que ya no se romantice tanto, que ya se hable de realidades, del cansancio que tiene que ver con el hecho de ser madre, de la falta de la red de apoyo que antes no se reconocía tanto porque era una situación que uno tenía que asumir al ser mamá… ahora lo que ha hecho el feminismo es buscar esa red de apoyo, y la reconocemos como una forma de maternar”, menciona Paola Olivares, Periodista y mamá de Emiliano de 5 años.

Durante años la maternidad ha sido vista como destino para las mujeres, y justamente el feminismo ha planteado la posibilidad de que ellas tengan libertad para elegir ser madres o no y en caso de sí querer serlo, poder decidir cómo quieren vivir esa experiencia.
Pero también esta apertura ha llevado a las mujeres, a estar constantemente expuestas a la sobreexigencia.
Hay más de un feminismo, son los feminismos, y ahora en esta modernidad ha repercutido en que las mujeres urbanas, han decidido hacer la maternidad sin dejar de estar en el espacio laboral físico. Producen dinero, y producen para el capital el cuidado de la maternidad e irónicamente se vuelven dos lugares donde, por no querer quedarse sólo en la crianza, por este rol histórico y anclado, también se intenta estar en los espacios laborales y así se hace una suerte de sobrexplotación y contradicción, que termina en una especie de “superwoman” donde la mujer tiene que se todo ahora”, menciona Sandra Sofía Sánchez, Comunicóloga Política y Artista Interdisciplinaria.
El feminismo en la maternidad, inicia desde cambiar la visión de que una mujer embarazada pronto “se va a aliviar”, como si estuviera enferma, desde poder establecer prácticas seguras donde las madres sean consideradas y escuchadas y dejen de ser vistas y tratadas como el mero “recipiente de un bebé”, o sólo como la guía del desarrollo de otro ser humano, despersonalizándolas totalmente.
La violencia y la maternidad nunca se asocian, pero esa relación existe. La presión social que recae en las mujeres por ser o no madres, y una vez que lo son, tiene repercusiones reales en su salud física y psicológica.
La depresión y la psicosis postparto son un ejemplo claro de los efectos psicológicos que puede padecer una mujer después de ser madre y de los cuales se empezó a hablar a finales del siglo XX, pese a que desde muchos años atrás, se estima que una de cada siete mujeres desarrolla síntomas de trastornos depresivos después de tener a su bebé.
La apertura a otros estilos de crianza y el reconocimiento de la coparentalidad
Con el desarrollo de nuevos estilos de maternar, se han abierto las posibilidades e identificación de nuevas formas de crianza.

Las mujeres han comenzado a decidir romper las viejas formas de familia y crianza, fomentando el autocuidado y las redes de apoyo, en las que intervienen otras mujeres o los hombres, los padres.
De acuerdo con investigaciones de American Psychological Association, la atención que demanda un hijo, puede impactar en el desarrollo de sus cuidadores y mayormente en el de su madre. El estudio indica que una mamá es interrumpida aproximadamente cada 3 minutos, lo que supone más de 400 reinicios mentales al día. La interrupción de la concentración, aumenta el cortisol y afecta la memoria a corto plazo, entre otras cosas.
Las investigaciones sobre maternidad en México coinciden en que la disponibilidad de una red de apoyo (familia, vecinos o pareja) es un factor determinante, pero desigual. Las madres con empleos informales (que representan casi el 59% de las madres trabajadoras) y las madres jóvenes o en contextos rurales, enfrentan mayores sobrecargas de trabajo doméstico y de cuidados sin asistencia externa.
El tener más consciencia de estas condiciones, abre poco a poco una nueva visión sobre lo que necesitan las mujeres al ser madres en la época actual.
Creo que hay una paradoja en el feminismo contemporáneo que vale la pena discutir. En algunos discursos hemos pasado de la idea de que las mujeres debían cumplir con un único modelo de feminidad, a una nueva exigencia: ahora pareciera que tenemos que poder con todo sin cansarnos.
Creo que muchas mujeres estamos descubriendo que la verdadera libertad no debería consistir en demostrar que podemos, sino en poder aceptar que necesitamos ayuda y construir relaciones más corresponsables con los hombres”, menciona Andrea Peña, Comunicóloga y mamá de Diego y Andrés de 13 y 10 años.
La UNICEF indica que para avanzar hacia la igualdad de género, es fundamental el involucramiento de los hombres como aliados que promueven masculinidades corresponsables, para asumir los cuidados y la crianza respetuosa de las y los hijos.
Actualmente en México hay alrededor de 18.4 a 21 millones de padres, de los cuales 8 de cada 10 viven con sus hijos menores de edad. Los hombres en México dedican en promedio 11.5 horas a la semana al cuidado infantil, en contraste con las 24.1 horas que dedican las mujeres.

A nivel global, solo 6% de los hombres (incluyendo padres) se dedican al trabajo en el hogar, mientras que el 42% de las mujeres lo hacen.
Ante estas inequidades, se han ido abriendo y entendiendo poco a poco, términos como la coparentalidad.
La coparentalidad, es la colaboración entre dos o más personas para criar y educar a un hijo en común, sin necesidad de mantener una relación romántica o de pareja. Ha tenido lugar en las nuevas generaciones de padres y madres, por el cambio en la concepción del matrimonio y de las relaciones sentimentales a largo plazo.
Y es que en la actualidad, la crianza se ha convertido en una carrera de obstáculos para millones de familias, según lo que muestra el informe State of the World’s Fathers 2026, elaborado por la organización Equimundo. En el se analizó las experiencias de más de 8,000 madres, padres y cuidadores de 16 países, incluido México, y en los resultados se advierte que padres y madres enfrentan crecientes dificultades económicas, falta de tiempo y escaso apoyo institucional para cuidar a sus hijos, lo que podría explicar porque las generaciones actuales no quieren tener hijos ni formar una familia.
Retos y soluciones
La apertura a que se aborden estos términos y se apliquen como elementos fundamentales para las nuevas maternidades y para resignificar la masculinidad, es sólo uno de los primeros pasos hacia crianzas más equitativas.
Una maternidad sana tiene un impacto profundo, positivo y permanente en el desarrollo integral de las infancias, funcionando como el pilar fundamental para su salud física, emocional y cognitiva. Cuando una madre cuenta con bienestar físico, mental y un entorno de apoyo, se transforma directamente en el vínculo de apego seguro que el niño necesita para explorar el mundo y desarrollar su máximo potencial durante su vida.
Lograr una “educación más equitativa desde la infancia, eliminar estereotipos de género, promover una verdadera corresponsabilidad de los hombres en las tareas domésticas y de cuidado y construir mejores redes de apoyo”, es parte de lo que Andrea Peña, considera que hace falta en la sociedad para que las mujeres tengan maternidades más reales.
Transformar las estructuras laborales, con horarios más flexibles, mejores políticas de trabajo, oportunidades reales de crecimiento profesional y empresas que entiendan que la maternidad no disminuye el talento ni el compromiso de una mujer, es otro de los factores que aún hay que remodelar y fortalecer en México.
La maternidad está llena de retos, y aunque hay muchos ámbitos por atender para que se haga de manera más plena, si es llevada de la manera más real, puede transformar a las mujeres y a la sociedad de forma positiva.
Ser mamá me volvió mucho más organizada, previsora y estructurada. Pero sobre todo, la maternidad me enseñó que el amor también implica responsabilidad, presencia y una enorme capacidad de adaptación”, afirma Andrea.
Porque la maternidad es una experiencia enriquecedora y llena de satisfacciones, pero necesita de apoyo, de comprensión y de consciencia plena para poder verlo como un acto pleno, autónomo y mucho más informado y sensato.
