La histórica misión Artemis II cumplió ayer su octavo día de actividades en el espacio, marcando un punto de inflexión en su trayecto: la tripulación ha abandonado oficialmente la zona de influencia lunar. Ahora, bajo la fuerza de la gravedad terrestre, los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen se dirigen a toda velocidad hacia nuestro planeta, dedicando sus últimas jornadas a experimentos críticos para la supervivencia humana en el espacio profundo.
La jornada comenzó a las 11:35 hora del este de EE. UU. (15:35 GMT) con un toque musical emblemático. La NASA despertó a los tripulantes con los acordes de Under Pressure, de Queen y David Bowie, una elección de los expertos para combatir la desincronización circadiana que sufren los astronautas al no tener ciclos naturales de luz y oscuridad.
¿Qué pasa con la radiación de la Luna?
El eje central del octavo día fue la seguridad biológica. Al estar fuera de la protección de la atmósfera y la magnetosfera terrestre, la tripulación evaluó su capacidad para sobrevivir a eventos de alta radiación, como las erupciones solares.

Los astronautas realizaron múltiples experimentos dentro de la cápsula Orion para medir los niveles de impacto radiactivo, una información vital para las futuras misiones que busquen establecer bases permanentes en la Luna o viajar a Marte. Además, pusieron a prueba su destreza técnica mediante simulacros de pilotaje manual, dirigiendo la nave en diversas tareas de navegación para asegurar que están listos ante cualquier falla del sistema automático durante el reingreso.

Problemas en el espacio: El sistema de desechos UWMS
A pesar de la alta tecnología, la NASA ha tenido que lidiar con un problema muy terrenal: el funcionamiento del retrete. La agencia confirmó que el Universal Waste Management System (UWMS), un sistema de nueva generación en el que se invirtieron 23 millones de dólares, ha presentado fallas intermitentes desde el lanzamiento.
El astronauta canadiense Jeremy Hansen reportó al centro de control que, debido a la falta de gravedad y fallas en la succión, el olor en la cabina se volvió perceptible para toda la tripulación al abrir el área de higiene. Este sistema depende de una compleja red de ventiladores y separadores de gas y líquido para evitar que los fluidos floten en la cabina, y su fiabilidad es clave para la moral y la seguridad operativa en misiones de larga duración.
¿En dónde será el amerizaje?
Mientras Orion se aproxima, la NASA y las Fuerzas Armadas de EE. UU. ya han desplegado un robusto plan de contingencia. Lili Villarreal, directora de Aterrizaje y Recuperación, informó que cuentan con aviones C-17, helicópteros de la Marina y el apoyo de la base de Pearl Harbor para recoger a los astronautas en el Pacífico, cerca de San Diego.

El rango estimado para el amerizaje es de 3,704 kilómetros, pero los equipos están preparados para un “escenario no nominal” si el clima o fallas en la propulsión desvían la cápsula. Actualmente, los ingenieros revisan minuciosamente los paneles térmicos que protegerán a Orion del calor extremo al chocar con la atmósfera terrestre, asegurando que el perfil de reingreso sea seguro para los cuatro héroes espaciales.

