La iglesia anglicana vive un momento histórico, luego de que este miércoles Sarah Mullally fue nombrada como la primera mujer primada en la historia de esta institución, lo que representa un avance significativo en una de las ramas más tradicionales del cristianismo.
La ceremonia se llevó a cabo en la catedral de Canterbury, considerada el corazón espiritual del anglicanismo. En un acto cargado de simbolismo, Mullally, visiblemente emocionada, asumió el liderazgo de una comunidad que agrupa a unos 85 millones de fieles en todo el mundo.
Este nombramiento marca un paso importante en la inclusión de mujeres dentro de la iglesia anglicana, donde en poco más de una década han ganado terreno como sacerdotes y obispas. Incluso, durante la ceremonia fue evidente la presencia y el respaldo femenino, en un día que muchas asistentes consideraron histórico.
Sin embargo, el avance llega en un contexto de tensiones internas que amenazan con fracturar a la Iglesia.
Una Iglesia dividida
Aunque nació como una iglesia nacional en Inglaterra en el siglo XVI, hoy el anglicanismo tiene su mayor crecimiento en regiones como África y Asia, donde predominan posturas más conservadoras.


En contraste, sectores más progresistas, principalmente en Europa, han impulsado cambios como la ordenación de mujeres y la apertura al matrimonio entre personas del mismo sexo.
Estas diferencias han escalado al punto de generar un movimiento disidente encabezado por el arzobispo ruandés Laurent Mbanda, quien en octubre pasado se proclamó líder de una nueva “Comunión Anglicana Global”, al considerar que representa la “verdadera” doctrina.
Aunque este bloque podría agrupar a una parte importante de los fieles a nivel mundial, la nueva primada evitó cualquier referencia directa a esta posible ruptura durante su primer mensaje.
Mullally llama a la paz
Lejos de los temas más polémicos, Mullally optó por un tono conciliador. Su sermón hizo llamados generales a la paz en regiones en conflicto como Ucrania, Medio Oriente y Sudán, además de incluir una breve alusión a las heridas causadas por errores dentro de la propia Iglesia, en referencia indirecta a los casos de abuso que han afectado su credibilidad.
La estrategia, para muchos observadores, responde a una tradición anglicana de evitar la confrontación directa, especialmente en momentos de tensión interna.

Un guiño a México
Pese a las divisiones, la ceremonia buscó reflejar el carácter internacional de la Iglesia. Hubo cantos en lenguas africanas, oraciones en urdu y un momento que conectó con América Latina: la lectura principal del evangelio fue realizada en español por una obispa mexicana.
El gesto subrayó la diversidad de una comunidad que, aunque enfrenta desafíos, intenta mantenerse unida bajo un mismo liderazgo.
¿Cuál es el reto de Mullally?
Más allá del simbolismo, la llegada de Mullally representa un punto de inflexión. Su liderazgo deberá equilibrar las demandas de una Iglesia que busca modernizarse sin perder cohesión, en medio de posturas cada vez más polarizadas.
Por ahora, su apuesta ha sido clara: iniciar su gestión sin confrontaciones abiertas. Sin embargo, el verdadero desafío será sostener ese equilibrio en una institución que, entre avances y resistencias, enfrenta uno de los momentos más decisivos de su historia reciente.
Con información de EFE.
