No es un secreto que el futbol fue creado por los ingleses en 1863, pero también es sabido que los “hooligans”, son sus fanáticos más radicales, cuyo comportamiento se caracteriza por la violencia extrema, la agresividad y el vandalismo que generan en cada lugar donde la Selección de Inglaterra se presenta. Algo con lo que tendrá que lidiar en todo su apogeo, quizá por primera vez, la sociedad, las autoridades mexicanas y los asistentes que acudan el próximo domingo 5 de julio al Estadio Ciudad de México.
El partido de octavos de final del Mundial 2026 entre las selecciones de México e Inglaterra debe encender las alarmas de las autoridades organizadoras. Más allá de la enorme expectativa deportiva que genera este choque deportivo, la atención pública y los cuerpos de seguridad deben enfocar su atención en situaciones extracancha que arrastra décadas de historia, estigmas e incluso evidencia comprobada de muertes: el potencial arribo de los hooligans y el comportamiento de los grupos de animación o aficionados locales.

Seguridad en el estadio
La confirmación del juego debe encender las alertas de las autoridades locales para establecer protocolos ante brotes violentos en la capital del país. Históricamente, el concepto de “hooligan” se utiliza para describir a ciertos aficionados británicos caracterizados por su comportamiento destructivo, agresivo, con frecuencia, ligado al consumo desmedido de alcohol y altercados callejeros tanto dentro como fuera de los recintos deportivos.
A pesar de que el gobierno del Reino Unido ha implementado severas restricciones legales y de viaje durante los últimos años para frenar a sus ciudadanos radicales, el estigma permanece latente. El comité organizador en suelo mexicano deberá planificar un despliegue masivo y robusto de elementos de seguridad en ciertas plazas públicas e inmediaciones del estadio para mitigar cualquier riesgo. El objetivo prioritario deberá ser garantizar que la pasión mundialista se mantenga bajo un clima estrictamente familiar, evitando que minorías radicales empañen la fiesta del balompié.

Hooligans y Barras Bravas: Raíces y diferencias
Frecuentemente el imaginario colectivo confunde o unifica los términos de violencia en el fútbol, pero las agrupaciones europeas y las latinoamericanas poseen diferencias estructurales marcadas.
- El hooliganismo inglés nació con una fuerte carga de pertenencia local y territorial, donde individuos radicales de distintas urbes británicas se unían de manera menos estructurada con el único fin de confrontar violentamente a rivales o causar desmanes urbanos, sin depender necesariamente de una dirigencia formal del club.
- El modelo de las “barras bravas”, como las que adoptaron ciertos grupos de animación en México, muestra una estructura mucho más jerárquica y permanente. Estos bloques coordinan cantos, banderas de gran formato, zonas específicas en las tribunas e instrumentación. Aunque algunas facciones han estado asociadas a disputas internas o reventas.
La génesis de las barras radica en el acompañamiento folclórico y el aliento ininterrumpido hacia su equipo, distanciándose del origen puramente caótico del hooligan.
NO a las conductas radicales
Para los hinchas de ambas naciones, el crucial encuentro de eliminación directa debe generarse de forma pacífica. No todos los ingleses responden al perfil violento de un hooligan, ni la totalidad de las porras mexicanas operan bajo lógicas criminales.

Las autoridades deben instar a la prudencia y al respeto mutuo para demostrar que México como sede mundialista es un escenario seguro, donde la intensidad del torneo más importante del planeta puede disfrutarse plenamente sin cruzar la línea de la delincuencia.

