La mitad del mes de agosto se verá enmarcado por la lluvia de meteoros conocida como Perseidas, que alcanzará su pico máximo de actividad, permitiendo a observadores en México y el hemisferio norte presenciar decenas de meteoros, sin necesidad de telescopio.
El evento ocurrirá el próximo jueves 13 de agosto, desde la 1:00 hasta las 4:30 horas, bajo condiciones atmosféricas propicias gracias a la coincidencia con la luna nueva que se registrará la tarde previa.
Pico máximo de las Perseidas en agosto
El periodo de mayor actividad para la observación de las Perseidas en 2026 inicia la noche del 12 de agosto y se extiende hasta el amanecer del 13.
El mejor horario para verlas es entre las 00:00 y las 06:00 horas, con la máxima frecuencia esperada en la recta final de la madrugada.

Se esperan hasta 100 meteoros por hora en condiciones ideales, oscilando habitualmente entre 30 y 50 por hora.
Cabe destacar que antes de la puesta del Sol del 12 de agosto tendrá lugar un eclipse total de Sol visible en España.

Recomendaciones para observar las Perseidas
Las maneras principales de poder ver las Perseidas, son:
- Sin instrumentos: No necesitas telescopio ni binoculares; a simple vista capturas un mayor campo de visión
- Cielo oscuro: Aléjate de la contaminación lumínica de la ciudad
- Adaptación visual: Deja que tus ojos se acostumbren a la oscuridad durante 20 minutos y evita usar el teléfono celular
- Orientación: Los meteoros parecen surgir de la constelación de Perseo, pero puedes mirar hacia cualquier zona despejada del firmamento
La lluvia de las perseidas es una lluvia de meteoros (comúnmente llamados “estrellas fugaces”) que sucede todos los años hacia el 12 de agosto. Las perseidas también reciben el nombre popular de “lágrimas de San Lorenzo” por la proximidad del máximo de la lluvia de meteoros al 10 de agosto, día de la festividad del mártir español del mismo nombre.

Los cometas, según describen sus órbitas alrededor del Sol, van arrojando al espacio un reguero de gases, polvo y escombros (materiales rocosos) que permanece en una órbita muy similar a la del cometa progenitor.
Cada cometa va formando así un anillo en el que se encuentran distribuidos numerosos fragmentos cometarios. Cuando la Tierra, en su movimiento en torno al Sol, encuentra uno de estos anillos, algunos de los fragmentos rocosos (meteoroides) son atrapados por su campo gravitatorio y caen a gran velocidad a través de la atmósfera formando una lluvia de meteoros.
Cada año a principios de agosto nuestro planeta cruza la órbita del cometa 109P/Swift-Tuttle, que tiene un período de 133 años y que pasó cerca del Sol por última vez en 1992.
Esta órbita está llena de partículas pequeñas, como granos de arena o menores, que han sido liberadas por el cometa en sus pasos anteriores. Cuando una de estas partículas, que formaron en su día la cola del cometa, entra en la atmósfera terrestre a gran velocidad, la fricción la calienta hasta vaporizarla a gran altura.
