Aunque el café suele ser la bebida estrella del desayuno en México y el mundo, muchas personas han optado por el té verde gracias a su sabor más ligero y su reputación como “superalimento”. Sin embargo, lo que pocos saben es que esta infusión no es inofensiva para todos. A pesar de sus múltiples virtudes, existen grupos específicos que deben limitar o evitar su consumo debido a posibles complicaciones sistémicas.
¿Qué es el té verde y por qué es tan popular?
El té verde proviene de la planta Camellia sinensis, la misma especie de donde se obtienen variedades como el té negro o el oolong. Su principal diferencia radica en el proceso de elaboración: las hojas se procesan mínimamente para evitar su oxidación, lo que permite conservar su color verde vibrante y, sobre todo, un altísimo contenido de antioxidantes.
Surgido en la antigua China hace más de 4,000 años, el té verde fue inicialmente una medicina antes que una bebida social. Su expansión a Japón y posteriormente a Occidente en el siglo XVII consolidó su fama como una herramienta para la longevidad. Hoy en día, factores como el clima y el método de cultivo ofrecen una amplia gama de sabores, desde los más herbáceos hasta los más dulces.

Los beneficios que lo hacen famoso
Antes de abordar las contraindicaciones, es justo reconocer por qué millones lo consumen. Según la revista médica Tua Saúde, el té verde es rico en compuestos bioactivos como catequinas y polifenoles. Sus beneficios documentados incluyen:
- Pérdida de peso: Acelera el metabolismo y favorece la quema de grasa abdominal.
- Salud Cardiovascular: Reduce el colesterol LDL (“malo”) y relaja los vasos sanguíneos, previniendo infartos.
- Control de Glucosa: Mejora la función de la insulina y regula los niveles de azúcar en la sangre.
- Antienvejecimiento: Sus antioxidantes combaten los radicales libres que dañan la piel.
- Salud Intestinal: Posee propiedades antimicrobianas que fortalecen la flora intestinal.
¿Quiénes deben evitar el consumo de té verde?
A pesar de la lista anterior, el consumo excesivo o inadecuado puede ser peligroso. La Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid) advierte que la ingesta desmedida puede provocar efectos adversos graves. Aquí te presentamos los grupos de riesgo:
1. Personas con problemas hepáticos
Expertos en farmacología, como la especialista Lida Hildebrandt, han reportado casos de toxicidad hepática e incluso insuficiencia del hígado asociada a la ingesta prolongada de extractos o cantidades masivas de té verde. Si tienes antecedentes de enfermedades del hígado, esta bebida debe estar bajo estricta supervisión médica.
2. Mujeres embarazadas y en periodo de lactancia
Este es uno de los grupos más vulnerables. El consumo de té verde durante el embarazo puede interferir con la absorción de ácido fólico, un nutriente esencial para el desarrollo del tubo neural del bebé. Además, su contenido de teína (un estimulante similar a la cafeína) puede provocar sobreestimulación en el feto o el lactante, además de dificultar la asimilación del hierro vegetal.
3. Personas con sensibilidad a la cafeína o hipertensión
Debido a la presencia de teína, el té verde puede acelerar el ritmo cardíaco, generar nerviosismo, insomnio y migrañas. Aquellos que sufren de arritmias o hipertensión descontrolada deben tener especial cuidado, ya que el efecto estimulante puede elevar la presión arterial momentáneamente.

4. Pacientes bajo medicación específica
El té verde puede interactuar negativamente con ciertos fármacos, alterando su eficacia. Si consumes anticoagulantes, medicamentos para el corazón o antidepresivos, es vital consultar a un profesional antes de integrar esta infusión a tu rutina diaria.
5. Personas con alergias diagnosticadas
Aunque es poco común, las alergias a los compuestos de la Camellia sinensis existen. Si tras consumirlo experimentas erupciones, picazón o dificultad respiratoria, suspende su uso de inmediato.
Conclusión: La clave es la moderación
El té verde es una herramienta excepcional para la salud siempre que se consuma con conciencia. Los expertos coinciden en que 2 a 3 tazas al día suelen ser seguras para la población general, pero nunca deben sustituir un tratamiento médico ni consumirse en exceso bajo la creencia de que “lo natural no hace daño”.
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