La estructura social y afectiva de México atraviesa una metamorfosis profunda, ya que en los últimos 20 años, la preferencia por el matrimonio civil o religioso perdió terreno frente a nuevas formas de convivencia y el aumento de la soltería.
De acuerdo con el más reciente reporte del Inegi, la población que decide formalizar su unión mediante el matrimonio descendió drásticamente, mientras que la unión libre y el divorcio muestran una tendencia al alza.
El declive del “sí, acepto”
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revelan un cambio generacional en las prioridades civiles.
En 2005, el 47.6 por ciento de las personas mayores de 15 años mantenía un estado civil de casados; sin embargo, para el año 2025, esta proporción cayó al 36.3 por ciento.
En contraste, la unión libre ganó adeptos en el mismo periodo, al pasar del 11.1 al 17.6 por ciento.
Por su parte, el sector de la población que permanece soltero experimentó un ligero incremento, al situarse actualmente en un 33.2 por ciento, frente al 31.9 por ciento registrado hace dos décadas.

Satisfacción afectiva y rupturas legales
A pesar del alejamiento de las instituciones conyugales tradicionales, el estudio del Inegi destaca un dato relevante sobre el bienestar emocional: las personas que viven en pareja (ya sea casadas o en unión libre) reportan niveles de satisfacción con su vida afectiva superiores a los de quienes permanecen sin compañero o compañera.
No obstante, la estabilidad de estas uniones también enfrenta desafíos estadísticos. Los datos a propósito del Día del Amor y la Amistad arrojan que las separaciones y los divorcios se volvieron más comunes entre los mexicanos:
- Separaciones: Incrementaron del 3.1 al 4.8 por ciento.
- Divorcios: Pasaron del 1.2 al 2.1 por ciento en el lapso de 20 años.
RB

