La reciente culminación del Mundial 2026 no solo dejó momentos deportivos memorables, sino también una profunda reflexión sobre la intromisión del poder político y la megalomanía directiva.
Cuando los dirigentes prefieren rendir honores a las figuras del poder político para obtener prebendas, se pierde toda seriedad, como ocurrió con la reciente declaración realizada por el jefe del Ejecutivo estadounidense.

Cuestionamientos sobre el candidato
Tras la conclusión del certamen futbolístico, trascendió que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, analiza impulsar al mandamás del balompié mundial, Gianni Infantino, como candidato para ocupar la titularidad de la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que dejará libre, a finales de año, el portugués António Guterres.

La propuesta se sustenta en la alianza construida entre ambos líderes durante la organización del torneo del balompié. Quienes defienden la viabilidad de la iniciativa lo hacen bajo el argumento de que administrar una entidad con más de 200 federaciones le otorga a Infantino una experiencia logística y de concertación idónea para lidiar con los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas.
Pareciera que la postulación es el resultado de haberle entregado el “Premio de la Paz de la FIFA: El fútbol une al mundo” a Trump, por sus “incansables esfuerzos para promover la paz y unir a las personas”, lo cual contrasta fehacientemente con la participación bélica y apoyo a Israel para atacar la Franja de Gaza o de su intromisión militar en el Estrecho de Ormuz en Irán.
No obstante, la perspectiva de trasladar al dirigente deportivo al frente del organismo internacional más relevante suscita marcadas dudas e inquietudes en diversos sectores. Existen marcadas advertencias sobre los inconvenientes de extrapolar los métodos de gestión propios del balompié corporativo, frecuentemente marcados por señalamientos de opacidad, negociaciones cerradas, corrupción y lavado de dinero, hacia el organismo responsable de mediar en conflictos armados, emergencias humanitarias y violaciones a los derechos humanos.
A lo largo del certamen, la estrecha relación entre ambas figuras públicas suscitó intensas discusiones, incluyendo intervenciones en materia disciplinaria sobre jugadores que pusieron a prueba la neutralidad de la cúpula deportiva. Para quienes se oponen al proyecto, la conducción de la paz mundial requiere diplomáticos de carrera con sólida trayectoria en resolución de controversias internacionales, en lugar de figuras procedentes de otros ámbitos, como es el caso.


Obstáculos dentro del Consejo de Seguridad
Pese al eventual respaldo de la Casa Blanca, la selección del titular de la ONU dista de ser una decisión unilateral. El protocolo institucional requiere la aprobación previa del Consejo de Seguridad -donde potencias rivales como China y Rusia cuentan con capacidad de veto-, antes de someterse al voto de la Asamblea General.
Aun sin postulación oficial confirmada por las partes involucradas, el debate sobre si la dirección del futbol global habilita a un ejecutivo para asumir el mando de la diplomacia planetaria, el tema ya quedó instalado en la agenda pública. Es urgente establecer límites claros para evitar que las plataformas masivas del deporte se utilicen como propaganda o afirmación de poder geopolítico.

