El miércoles 26 de agosto, falleció la artista japonesa Yayoi Kusama. Una de las razones por las que Kusama destacó en el mundo del arte, fue por su original forma de canalizar sus experiencias sensoriales a través de los lunares polka dots que se convirtieron en uno de los ejes centrales de su propuesta visual y artística.
Algunos artistas aseguran que los lunares -ahora tan de moda-, remiten a la psicodelia de los años sesenta que la artista japonesa encontró cuando aterrizó en Nueva York, antes de cumplir 30 años.
Origen y significado de los lunes en la obra de Yayoi Kusama
Lo que realmente esconde la repetición y acumulación de esos lunares en la obra de Kusama, es algo mucho más sofisticado y profundo, que tiene que ver con la energía y la vida que le reveló un lugar como Manhattan.

Desde la planta 86 del Empire State las personas parecían pequeños puntos casi insignificantes, una idea que le fascinó y a la que se entregó. Para ella eran una forma de pensar en el mundo entre las estrellas, como un punto entre millones de puntos más. Una forma de pensar el infinito.

El origen de los puntos, lo que Kusama ella llamaba “espacios infinitos” y su presencia en su vida, empezaron desde su infancia, cuando le daban crisis nerviosas, que después relacionó con la negación de su madre a que fuera artista.
Yayoi empezó dibujando flores y plantas que cultivaba su familia en el campo. Luego pasaron a lienzos y esculturas, y a suaves tubos rellenos que cubrían sofás, sillas y barcas. Pintaba todo el tiempo. Cuando tenía frío, hambre o se sentía sola, porque no todo fue un éxito económico, especialmente en sus inicios.
Yayoi y su exposición de arte con lunares
En los años sesenta, Kusama tenía muchas ideas, una de ellas fue el happening Body Festival, donde los participantes, desnudos, podían pintarse lunares unos a otros. Hizo docenas, algunas en lugares de autoridad intelectual como el MoMA y otras en su estudio o en plazas de la ciudad.

Los «Festivales del cuerpo» de Yayoi Kusama fueron performances públicos y happenings radicales y contraculturales realizados a finales de la década de 1960, destacando especialmente los llevados a cabo en lugares como el Washington Square Park de Nueva York.


En el 2000, se lanzó a las instalaciones de gran escala, como I’m Here, but Nothing, donde los puntos adhesivos de este interior doméstico pueden entenderse como una simplificación visual de sus alucinaciones, lo cual pudo verse en su última exposición individual en vida, en el Museo Ludwig de Colonia.

Las Infinity Mirror Rooms (Salas de espejos infinitos) y The Obliteration Room son las obras con lunares más famosas y representativas de Yayoi Kusama, sin que exista una sola “mejor” absoluta ya que su impacto depende de la experiencia inmersiva del espectador.

