La escena artística perdió a una de sus figuras más emblemáticas y revolucionarias. La creadora japonesa Yayoi Kusama falleció el pasado 14 de agosto en un centro hospitalario de Tokio, Japón a los 97 años de edad, según se confirmó mediante un comunicado en su sitio web oficial.
Con su partida, el circuito artístico mundial despide a una referente que transformó el trauma personal y las obsesiones de la mente en una de las estéticas más reconocibles del siglo XXI.

Trayectoria y origen del universo conceptual
Nacida en la ciudad de Matsumoto en 1929, la artista comenzó a canalizar sus experiencias sensoriales y alucinaciones infantiles a través de la pintura, donde los lunares polka dots y las tramas repetitivas de redes se convirtieron en el eje central de su propuesta visual.
Hacia finales de la década de 1950, Kusama decidió trasladarse a Estados Unidos para establecerse en Nueva York, donde rápidamente emergió como una referente indispensable de la vanguardia mediante la creación de esculturas blandas, instalaciones inmersivas de espejos y luz, además de promover una visión estética centrada en la prolífica repetición de patrones visuales. En esos años, su actividad trascendió las galerías tradicionales para abarcar performances, manifestaciones antibélicas, diseño y proyectos editoriales.

Un legado prolífico de literatura y pintura exponencial
De regreso en Japón durante la década de 1970, diversificó su alcance creativo incursión en la narrativa y la poesía, a la par de continuar con el desarrollo de intervenciones en espacios públicos. Fue en esta época cuando consolidó sus famosas cámaras reflectantes Infinity Mirror Rooms, experiencias espaciales diseñadas para alterar la percepción de la distancia y el infinito.
Su disciplina productiva se mantuvo constante en sus últimas décadas. Entre 2009 y 2021 produjo cerca de 900 piezas pictóricas dentro de su célebre proyecto My Eternal Soul, para posteriormente emprender la serie Every Day I Pray for Love. A lo largo de su carrera, su trabajo fue galardonado con diversos reconocimientos internacionales otorgados tanto por la crítica especializada como por el gobierno de su país natal.

Impacto de su obra y su huella en México
La influencia de Kusama se tradujo en masivos recorridos por museos de todo el mundo. En el caso de México, el público tuvo la oportunidad de presenciar de cerca su discurso plástico durante la exposición Obsesión infinita, la cual se alojó en el Museo Tamayo entre septiembre de 2014 y enero de 2015, convirtiéndose en un fenómeno cultural sin precedentes de asistencia en el recinto de la capital mexicana.
