En las calles de Irán, el aire ya no solo huele a pólvora y gas lacrimógeno; huele a la combustión de los símbolos que durante décadas han mantenido a las mujeres en una prisión invisible.
Este lunes 12 de enero de 2026, la resistencia feminista ha alcanzado un punto de no retorno. Lo que el régimen de los Ayatolas intentó sofocar con el brutal “Plan Noor”, ha terminado por incendiar la paciencia de una generación que ya no le teme a la muerte, porque ha decidido que vivir sin libertad no es vida.
La caída de los ídolos: Fuego contra Jamenei
Una de las imágenes más impactantes que ha dado la vuelta al mundo este inicio de año es la de mujeres jóvenes, en el corazón de Teherán y Mashhad, utilizando las fotografías del Líder Supremo, Alí Jamenei, como yesca para encender hogueras en medio de las avenidas o incluso para prender sus cigarrillos en un gesto de desdén absoluto.
Para una teocracia que se sostiene sobre la sacralidad de sus líderes, ver la imagen de Jamenei envuelta en llamas a manos de aquellas a quienes llaman “débiles” es el golpe simbólico más fuerte desde la revolución de 1979.
Quemar el retrato del líder no es solo un acto de vandalismo; es la profanación de la figura que representa el patriarcado institucionalizado.

Es un mensaje directo al corazón del sistema: si el Estado ha decidido que el cuerpo de la mujer es propiedad pública para ser vigilado y castigado, las mujeres han decidido que el Estado ya no tiene autoridad moral sobre ellas.
El “Plan Noor” y la tecnología del terror
La chispa que reactivó esta furia este enero fue el recrudecimiento del Plan Noor (Plan Luz).
Bajo este nombre, el gobierno implementó un sistema de vigilancia distópico que utiliza reconocimiento facial y drones para multar y confiscar vehículos de mujeres que no porten el hiyab.
Sin embargo, la respuesta ha sido una sororidad inquebrantable. En las universidades, las estudiantes han convertido las aulas en espacios de liberación, quitándose los velos en masa y enfrentándose cara a cara a los agentes de la policía de la moral.

El régimen ha respondido con lo que mejor sabe hacer: violencia como arma de guerra.
Una revolución con rostro de mujer
A diferencia de otros movimientos, esta protesta no tiene líderes masculinos dictando el rumbo. Son las mujeres, desde las adolescentes hasta las abuelas, quienes han tomado las calles.
Han logrado lo que parecía imposible: unir a diversos sectores de la sociedad bajo el grito de “Mujer, Vida, Libertad”. Este lunes, la cifra de mártires de la represión sigue subiendo, superando las 550 víctimas, pero el fuego que encendieron con las fotos de los opresores sigue iluminando el camino.
Las iraníes están recordando al mundo que hay una lucha física por el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, a caminar sin miedo y a derribar a los tiranos que usan la religión como excusa para el control.
El régimen podrá cortar el internet, pero no puede apagar el fuego de una revolución que ya ha ganado la batalla más importante: la de las mentes y los corazones de su pueblo.
