La Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través del Instituto por el Agua, el Ambiente y la Salud (INWEH, por sus siglas en inglés), advirtió que el planeta “ha entrado a la era de la Bancarrota Hídrica Mundial”.
A través de este informe, emitido por la Universidad de las Naciones Unidas, señalaron que: “El mundo ha entrado en una era de quiebra hídrica global, un punto de no retorno para ciertos sistemas donde la demanda humana ha agotado irreversiblemente los ahorros acuíferos y secado los pozos del futuro, poniendo en riesgo el el conjunto del sistema hídrico del planeta”.
Argumentaron que lo anterior en un número importante de cuencas y acuíferos, el uso desmedido superó ya los caudales renovables, así como “los límites de agotamiento seguros”. Asimismo, señalan que parte del capital hídrico y natural “ha sufrido daños que superan las perspectivas realistas de recuperación total“.
En este sentido, señalaron que, durante las últimas cinco décadas, en el mundo se han perdido cerca de 410 millones de hectáreas de humedales naturales, incluidos unos 177 millones de hectáreas de marismas y pantanos interiores, de una superficie parecida a Libia, o bien, siete veces el Reino Unido, es decir, alrededor de 1.708.000 kilómetros cuadrados.


Sin acceso seguro al agua
Pese al agotamiento, o precisamente por ese estado de bancarrota hídrica, al día de hoy, miles de millones de personas todavía no cuentan con acceso seguro al agua. “Casi tres cuartas partes de la población mundial vive en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua.
“Alrededor de 2.200 millones de personas siguen sin tener acceso a agua potable gestionada de forma segura, 3.500 millones carecen de un saneamiento gestionado de forma segura y unos 4.000 millones sufren una grave escasez de agua durante al menos un mes al año”, abundaron.
Al respecto, puntualizaron que en distintas latitudes del mundo, se ha perdido más del 30% de la masa glaciar desde la década de los 70, por lo que la seguridad a largo plazo de cientos de millones de personas dependientes de ríos alimentados por glaciares y deshielo por el agua potable, el riego y la energía hidroeléctrica, se verá socavada.

Llamado
En el informe, se reclama también que la gobernanza y las agendas actuales ya no cumplen con su propósito, lo mismo que los términos “estrés hídrico” y “crisis hídrica”. Por un lado, en lo que respecta a las cuencas, los derechos, expectativas y promesas superan en demasía la capacidad hidrológica degradada “ante la ausencia de instituciones de gobernanza eficaces que aborden la quiebra hídrica”.
En sumatoria, la agenda mundial, centrada en el agua, saneamiento e higiene, así como en el aumento gradual de la eficiencia y “las recetas genéricas de gestión integrada de los recursos hídricos (IWRM)” ya son insuficientes para combatir el “el exceso estructural, la irreversibilidad y los crecientes riesgos de inestabilidad social y conflictos asociados a la quiebra hídrica”.
Por ello, recomendaron, es importante que los gobiernos protejan el agua y su capital natural subyacente, es decir: no sirve centrar la protección en el vital líquido como bien o servicio únicamente, sino que es esencial tomar en cuenta el capital natural que lo hace disponible.
“Reconocer la quiebra hídrica exige desarrollar instituciones jurídicas y de gobernanza que puedan proteger eficazmente no solo el agua, sino también el ciclo hidrológico y el capital natural que hacen posible su producción”, agregan.
Por su parte, la ONU espeta finalmente: “El mensaje final es claro: aunque no podamos llenar de nuevo los acuíferos agotados, aún estamos a tiempo de proteger cada gota y quizá así aprender a vivir con el agua que nos queda”.
DG

