En una medida sin precedentes que ha sacudido a la comunidad científica internacional, el gobierno del presidente Donald Trump ejecutó la destitución fulminante de los miembros de la junta independiente que supervisa la Fundación Nacional de Ciencias (NSF).
La notificación del cese llegó a través de un correo electrónico emitido por la Oficina de Personal Presidencial, actuando formalmente en nombre del mandatario, donde se les comunicó que su relación con la institución terminaba con efecto inmediato.

Impacto en la política científica y presupuestaria
La Junta Nacional de Ciencias, organismo creado por ley en 1950, posee la función crítica de asesorar tanto a la Casa Blanca como al Congreso en materia de ingeniería y políticas de investigación. Además, es la entidad encargada de aprobar grandes asignaciones de fondos que definen el rumbo tecnológico del país. Tradicionalmente, este consejo está integrado por 25 especialistas del sector académico e industrial, quienes sirven en mandatos escalonados de seis años para garantizar la continuidad técnica más allá de los ciclos políticos.
Keivan Stassun, uno de los científicos removidos de su cargo y académico de la Universidad de Vanderbilt, expresó su decepción ante la noticia. Stassun advirtió que la ausencia de este contrapeso institucional facilitará la ejecución de recortes presupuestarios drásticos.
El año anterior, la administración Trump intentó reducir a la mitad el presupuesto de 9 mil millones de dólares de la NSF, y aunque el Congreso logró frenar la medida, un plan de recorte similar está previsto para el próximo ejercicio fiscal. “Esto podría desmantelar las inversiones en investigación fundamental y en la formación de la próxima generación de ingenieros”, señaló Stassun.
Incertidumbre sobre el futuro de la innovación
La purga afectó a los 22 miembros activos de la junta, según confirmó Yolanda Gil, integrante destituida y experta del Instituto de Ciencias de la Información de la Universidad del Sur de California. Gil destacó que el grupo estaba por finalizar un informe crucial sobre el estado de la ciencia en Estados Unidos y calificó la acción como una señal de los “cambios radicales” que Trump está emprendiendo en contra de la fundación. Este escenario se suma al reciente traslado de la sede de la NSF a un edificio de menor tamaño en Alexandria, Virginia, tras una orden del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano.

Desde la esfera política, la senadora demócrata Maria Cantwell, líder en el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte, tachó la decisión como un “ataque peligroso a la experiencia que impulsa la innovación estadounidense”. Mientras la Fundación Nacional de Ciencias ha evitado hacer declaraciones oficiales, remitiendo solamente las consultas a la Casa Blanca, la administración presidencial no ha emitido respuesta ante las solicitudes de comentarios sobre la disolución de este órgano colegiado.
