Raúl Castro, figura central de la Revolución Cubana, junto a su hermano Fidel Castro, y parte fundamental de la modernización institucional de la isla caribeña, consolidó un legado que camina entre la ortodoxia militar y la apertura económica pragmática.
Nacido el 3 de junio de 1931 en la provincia de Holguín, el menor de los hermanos Castro desempeñó un papel operativo en el Movimiento 26 de Julio, pero su figura quedó marcada por la transición generacional que encabezó tras suceder a su hermano en 2006.
A diferencia de Fidel, Raúl Castro se distinguió por una gestión disciplinada. Durante casi medio siglo al frente del Ministerio de Defensa (1959-2006), formó a una élite militar leal, conocida como los “raulistas”, quienes bajo su mando experimentaron con reformas de gestión empresarial en el ejército desde la década de los 80, debido a ello le permitió a la isla sobrevivir al colapso de los subsidios soviéticos y sentó las bases para una economía mixta.
El ascenso al poder y la eliminación de prohibiciones
La transferencia de mando comenzó de forma interina el 31 de julio de 2006, debido a la salud de Fidel, y se formalizó en febrero de 2008 cuando la Asamblea Nacional lo seleccionó como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Desde sus primeros meses, Raúl Castro implementó reformas que impactaron la vida cotidiana: eliminó restricciones salariales de décadas de antigüedad, permitió la compra de teléfonos celulares y computadoras, y autorizó el hospedaje de cubanos en hoteles anteriormente exclusivos para extranjeros.
En septiembre de 2010, el mandatario profundizó los cambios al declarar tolerancia hacia la empresa privada y anunciar el despido de 500,000 empleados públicos para reducir la carga del Estado. Para 2011, tras suceder formalmente a Fidel como secretario general del Partido Comunista de Cuba (PCC), supervisó la reducción del papel gubernamental en sectores estratégicos y eliminó barreras de viaje que durante años condicionaron la movilidad de los residentes.


La reforma migratoria y el fin del permiso oficial
Una de las principales marcas de la administración de Raúl Castro fue la liberalización de las restricciones de viaje al extranjero. Se suspendió el requisito del permiso oficial y la carta de invitación de instituciones extranjeras, extendiendo el tiempo de permanencia fuera de la isla hasta por dos años sin perder la residencia.
Dicha apertura no solo facilitó la reunificación familiar, sino que convirtió a las remesas, principalmente provenientes de Estados Unidos, en una de las fuentes de moneda más importantes para la economía nacional.
En julio de 2013, durante el 60 aniversario del asalto al Cuartel Moncada, Castro reconoció que la “Generación Histórica” debía ceder el paso a los jóvenes.
En un movimiento estratégico, nombró a Miguel Díaz-Canel como su sucesor designado, marcando el inicio de una transición que culminaría años más tarde.
“Los miembros de la generación que hizo la revolución han tenido el privilegio histórico de corregir los errores que ellos mismos cometieron”, declaró en un ejercicio de autocrítica política.

El deshielo histórico con Washington
El 17 de diciembre de 2014, tras 18 meses de negociaciones secretas facilitadas por el Vaticano y Canadá, Raúl Castro y Barack Obama anunciaron simultáneamente la normalización de las relaciones bilaterales, suspendidas desde 1961. Este acercamiento incluyó la reapertura de embajadas en 2015 y la histórica visita de Obama a La Habana en 2016, la primera de un presidente estadounidense en ejercicio en más de ocho décadas.
Pese al avance, Castro mantuvo una postura recelosa, advirtiendo que el apoyo de Washington al sector privado no debía socavar el sistema socialista. No obstante, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2016 frenó este proceso de deshielo. Las nuevas sanciones económicas y las restricciones a los viajes aplicadas por la administración Trump, sumadas a la inestabilidad del suministro petrolero desde Venezuela, devolvieron a la economía cubana a un estado de fragilidad crítica.

Pandemia y el retiro de la escena pública
El cierre de la era de Raúl Castro llegó al mismo tiempo que Cuba tuvo que enfrentar la crisis sanitaria del SARS-CoV-2 con un sistema de salud pública robusto, pero el cierre total al turismo provocó un desplome del 11 por ciento en el PIB durante 2020.
En este contexto de incertidumbre económica, la isla aprobó una nueva constitución en 2019 que, si bien mantuvo la primacía del Partido Comunista, reconoció por primera vez la propiedad privada y el papel del mercado.
Raúl Castro renunció a la presidencia en 2018 y, finalmente, al cargo de secretario general del PCC en abril de 2021. Al entregar el mando a Miguel Díaz-Canel, el líder revolucionario afirmó retirarse con la sensación de haber “cumplido su misión y confiado en el futuro de la patria”.
Con su retiro, se cerró el capítulo de seis décadas de liderazgo directo de la familia Castro en los puestos más altos de la jerarquía gubernamental cubana.
