En un momento de máxima tensión geopolítica, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha buscado dar un golpe de autoridad sobre el tablero internacional. Durante la inauguración del congreso anual de la organización celebrado en Vancouver, Canadá, el máximo dirigente del fútbol mundial confirmó de manera tajante que la selección de Irán participará en la Copa del Mundo 2026, la cual tendrá como sedes a Estados Unidos, México y Canadá el próximo verano.
La declaración de Infantino llega para intentar disipar las dudas que han rodeado al combinado persa tras la escalada bélica iniciada en febrero entre Irán, Israel y Estados Unidos. “Por supuesto, Irán va a jugar en los Estados Unidos de América”, sentenció el directivo.
El fútbol como puente de unión global
El mensaje de Infantino estuvo cargado de retórica pacifista, al subrayar la misión integradora que, según su visión, debe tener el organismo que preside. Para el dirigente, la presencia de Irán en suelo estadounidense no es solo una cuestión administrativa, sino un imperativo moral para el fútbol profesional.

“El motivo es muy sencillo. Tenemos que unirnos y acercarnos a la gente. La FIFA une al mundo. Tenemos que recordar siempre que hay que ser positivos. Hay que mostrarnos contentos. Hay problemas suficientes en el mundo. Si nadie trata de unirnos… ¿Qué va a pasar en nuestro mundo? Es una oportunidad que tenemos en el congreso y en el Mundial”, añadió con énfasis.
Bajo la premisa de que “todos unidos somos invencibles”, Infantino reveló que incluso sostuvo conversaciones directas con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para garantizar la bienvenida del equipo asiático. Según el dirigente, Trump le reiteró que no existe inconveniente alguno para que los futbolistas iraníes compitan en el torneo.
Un congreso marcado por la ausencia de la federación iraní
A pesar de las palabras conciliadoras de Infantino, la realidad logística cuenta una historia distinta. Durante el pase de lista de las 211 federaciones miembro realizado por el secretario general, Mattias Grafström, se confirmó que la única delegación ausente fue la de Irán.
Aunque se esperaba la presencia de Mehdi Taj, presidente de la federación iraní, la expedición tuvo que regresar a su país desde el aeropuerto de Toronto. Según reportes de la agencia de noticias Tasnim, el motivo fue el “comportamiento inapropiado” de los funcionarios de inmigración canadienses, lo que evidencia que, fuera del discurso de la FIFA, las tensiones diplomáticas siguen afectando los desplazamientos de los funcionarios persas.

El desafío deportivo y la seguridad en el Grupo G
Irán logró su boleto al Mundial tras un desempeño impecable, liderando el Grupo A de la confederación asiática (AFC). El sorteo los ubicó en el Grupo G, con un calendario que prevé partidos de alta intensidad en Los Ángeles contra Nueva Zelanda y Bélgica, además de un encuentro en Seattle frente a Egipto.
Sin embargo, la participación estuvo a punto de colapsar en marzo cuando el ministro de Deportes iraní, Ahman Donyamali, declaró que tras el asesinato de su líder, Alí Jameneí, no existían condiciones para participar. “Tras este ataque, no podemos esperar que el Mundial se celebre con esperanza”, había señalado previamente Mehdi Taj.
Pese a los temores sobre visados, seguridad y la logística de traslados, la FIFA ha descartado cualquier plan de contingencia que incluya cambios de sede o la sustitución del equipo. La determinación de Infantino es clara: el Mundial 2026 debe ser el escenario donde el fútbol demuestre su “magia” para superar las fronteras de la guerra.
