Casi un 25% de los centennials practica habitualmente el “bed-rotting”, una tendencia de TikTok que consiste en pasar días enteros en la cama con dispositivos electrónicos. Aunque surge como rechazo a la hiperproductividad, psicólogos advierten que este aislamiento voluntario podría agravar cuadros de ansiedad y depresión profunda.
¿Qué es el bed-rotting?
Lo que hace una década conocíamos simplemente como un “domingo de pereza”, hoy se ha transformado en un fenómeno cultural con un nombre contundente: el bed-rotting. El término, que significa literalmente “pudrirse en la cama”, se popularizó en redes sociales hacia finales de 2022 y ha encontrado en la Generación Z a su principal embajador.
Este movimiento invita a los usuarios a permanecer entre 24 y 48 horas seguidas sin apenas levantarse del colchón. No se trata solo de dormir; la práctica implica convertir la inactividad total en un estilo de vida temporal, rodeado de almohadas, computadoras portátiles y restos de comida rápida. En TikTok, el lema “rot-with-me” (púdrete conmigo) ya supera los 2,000 millones de visualizaciones, consolidándose como un retiro voluntario del estrés cotidiano.

El rechazo a la hiperproductividad en los jóvenes
Desde una óptica sociológica, el auge del bed-rotting se interpreta como un portazo definitivo a la cultura del esfuerzo extremo o “hustle culture”. Muchos jóvenes están agotados de las tendencias de bienestar que exigen levantarse a las cinco de la mañana para meditar y ser productivos antes del primer café.
La psicóloga Audrey Tang explica que esta costumbre es una reacción visceral contra las imposiciones del autocuidado estético de internet. Para sus defensores, quedarse bajo el edredón es una tregua necesaria para reducir los niveles de cortisol tras una semana extenuante. Sin embargo, lo que comienza como un descanso puede convertirse en un mecanismo de evitación ante el dolor, el estrés o las responsabilidades de la vida adulta.

¿Qué riesgos psicológicos puede afectar?
A pesar de su popularidad, la comunidad médica ha encendido las alarmas. El doctor Scott Eilers, psicólogo clínico, advierte que la romantización de esta práctica es engañosa. Según el experto, lejos de ser autocuidado, el bed-rotting podría estar empeorando la depresión y la ansiedad de quienes lo practican habitualmente.
El problema radica en el tipo de actividad que se realiza mientras se “se pudre” uno en la cama. El uso constante de dispositivos electrónicos y el “doomscrolling” (desplazamiento infinito en redes sociales) mantienen al cerebro en un estado de alerta que impide el descanso real. Al llegar la noche del domingo, muchos jóvenes experimentan el denominado “ciclo de la vergüenza”, un sentimiento de culpa y vacío por la falta de propósito y la improductividad absoluta.

Hacia un descanso activo e intencional
Ante este escenario, la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM) sugiere retomar la terapia de control de estímulos. Esto implica blindar el dormitorio como un espacio de descanso y no como una oficina o comedor.
El secreto para una salud mental equilibrada no reside en la inactividad tóxica, sino en el descanso activo. Cambiar el “bed-rotting” por actividades que realmente desconecten la mente sin aislarla —como caminar, leer un libro físico o socializar— es fundamental para romper el ciclo de agotamiento sin caer en la patologización del descanso.
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